Colombia

Barú escucha su recuperación: 196 hectáreas de manglar y coral ya fueron restauradas

Hace 1 hora

En Barú, Cartagena, un proyecto de restauración marina está usando bioacústica para medir la salud de manglares y arrecifes de coral. Según informó El Tiempo (Colombia), ya se han recuperado 196 hectáreas de ecosistemas marino-costeros.

En Barú, al sur de Cartagena, la restauración ambiental ya dejó una primera señal concreta: 196 hectáreas de manglares y arrecifes de coral han sido intervenidas y recuperadas dentro del proyecto Ecosistema Azul, una apuesta que combina trabajo técnico de campo con bioacústica para medir cómo respiran, se mueven y se regeneran estos ecosistemas. No se trata solo de sembrar o limpiar; la novedad es que ahora también se “escucha” el estado del mar para saber si la recuperación va por buen camino, según informó El Tiempo (Colombia).

La bioacústica, en términos simples, permite leer el paisaje sonoro de un ecosistema: los peces, crustáceos, aves y demás organismos dejan una huella acústica que revela si un entorno está vivo o degradado. Esa aproximación es valiosa en áreas como Barú, donde manglares y arrecifes no son piezas decorativas del Caribe, sino infraestructura natural de primera línea. Funcionan como barrera frente a la erosión y a los golpes de mar, sostienen la pesca artesanal, sirven de refugio para especies juveniles y protegen una economía local que depende, en buena parte, del turismo y de la salud del litoral. Que ya exista una intervención sobre 196 hectáreas muestra escala, pero también una urgencia que durante años se ha tratado con promesas y poca continuidad.

El caso importa más allá de Cartagena porque Colombia lleva tiempo acumulando una deuda con sus ecosistemas costeros. Los manglares han sido presionados por desarrollos urbanos, rellenos, contaminación y cambios en el uso del suelo; los arrecifes, por su parte, enfrentan el calentamiento del agua, la sedimentación, la sobrecarga turística y la pérdida de cobertura biológica. En ese contexto, proyectos como Ecosistema Azul no solo ayudan a reparar daños visibles, sino a construir una forma distinta de gobernar el mar: con monitoreo, datos y seguimiento, no con discursos. Y eso tiene una consecuencia directa para la gente de a pie, desde pescadores y operadores turísticos hasta familias que viven en zonas vulnerables a inundaciones y marejadas.

Lo que sigue será clave: mantener la restauración no es lo mismo que lograr recuperación real y duradera. El reto ya no es únicamente celebrar las hectáreas intervenidas, sino evitar que nuevas presiones vuelvan a degradarlas. Si Barú logra sostener este modelo, Cartagena tendría una evidencia potente de que la conservación marina puede pasar de la foto institucional al resultado medible; si fracasa, quedará claro que restaurar sin vigilancia permanente es apenas ganar tiempo en un litoral cada vez más exigido.

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