Peña renuncia en Paraguay tras perder apoyo por escándalo bancario

Imagen: clarin colombia
La presión política y el escándalo financiero del Ueno Bank terminaron por derrumbar al presidente paraguayo Santiago Peña, que renunció tras perder el respaldo de su propio Partido Colorado. Diputados evaluaban impulsar un juicio político y la salida quedó sellada cuando Horacio Cartes y Nicanor Duarte le soltaron la mano.
El presidente de Paraguay, Santiago Peña, presentó su renuncia en medio de un terremoto político provocado por el escándalo financiero del Ueno Bank y por la ruptura definitiva con las principales figuras de su propio Partido Colorado. La caída del mandatario se precipitó cuando la Cámara de Diputados amenazó con avanzar hacia un juicio político, una opción que habría dejado a Peña al borde de una destitución formal.
De acuerdo con la información difundida por Clarín Colombia, la decisión de Peña llegó después de que dos expresidentes con enorme peso dentro del oficialismo, Horacio Cartes y Nicanor Duarte, le retiraran el respaldo. Ese gesto terminó de desarmar su base de poder y dejó al mandatario sin la protección interna que necesitaba para resistir la crisis. En ese escenario, la renuncia no fue solo una salida personal, sino el reconocimiento de que ya no tenía sostén político para seguir gobernando.
El episodio revela algo más profundo que un simple tropiezo de gobierno: expone la fragilidad institucional de un país donde las lealtades partidarias siguen siendo decisivas y donde los escándalos financieros pueden transformarse rápidamente en crisis de Estado. El caso del Ueno Bank, por sus implicaciones económicas y políticas, abrió una herida en el corazón del oficialismo y terminó arrastrando al presidente al vacío. Para la ciudadanía paraguaya, el desenlace suma incertidumbre en un momento en que la estabilidad económica y la confianza en las instituciones vuelven a quedar bajo sospecha.
Según el reporte, Peña será reemplazado por su vicepresidente, lo que permitirá evitar un vacío inmediato de poder, pero no borra el daño político ya causado. La verdadera pregunta ahora no es solo quién ocupará la presidencia, sino cuánto más puede resistir un sistema político que, ante la primera gran tormenta, mostró que sus alianzas pueden deshacerse con rapidez y que la economía sigue siendo el punto más vulnerable de su gobernabilidad.




