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Colombia endurece la ofensiva contra el contrabando con nuevo régimen sancionatorio

Hace 1 hora

Colombia prepara un nuevo régimen sancionatorio para frenar el contrabando, un negocio que, según la discusión oficial, pudo haber puesto en riesgo entre 10 y 12 billones de pesos. La apuesta desata tensiones por el sistema digital, el alcance de la Dian y la carga que recaerá sobre el sector privado.

Colombia se alista para cerrar el cerco al contrabando con un nuevo régimen sancionatorio que, según la discusión que reveló Infobae Colombia, busca responder a una amenaza que no es marginal: entre 10 y 12 billones de pesos pudieron ponerse en riesgo por estas prácticas. La cifra no solo dimensiona el tamaño del problema, sino que explica por qué el Gobierno insiste en que no se trata de un asunto menor de aduanas, sino de un golpe directo a la recaudación, a la competencia formal y a la capacidad del Estado de financiar servicios públicos.

El nuevo marco, sin embargo, llega rodeado de disputas. La primera tiene que ver con los retos del sistema digital que deberá soportar el control, la trazabilidad y las sanciones. En teoría, una plataforma más robusta permitiría cruzar información en tiempo real, detectar operaciones irregulares y acelerar la respuesta estatal. En la práctica, ese salto tecnológico exige infraestructura, interoperabilidad y reglas claras para evitar que el remedio termine siendo más lento que el problema. A eso se suma la discusión sobre las facultades otorgadas a la Dian, entidad que quedaría con un margen más amplio para vigilar, imponer sanciones y actuar sobre la cadena logística. Para algunos sectores, eso es una herramienta necesaria; para otros, una expansión que podría abrir la puerta a excesos, errores operativos o inseguridad jurídica.

El debate de fondo no es solo técnico, sino económico y político. El contrabando en Colombia ha sido históricamente una válvula de escape para redes criminales y, al mismo tiempo, una pesadilla para comerciantes formales que pagan impuestos, cumplen requisitos sanitarios y asumen costos laborales. Cada mercancía que entra por fuera de los canales legales presiona precios, distorsiona el mercado y debilita a pequeñas y medianas empresas que compiten en desventaja. Por eso el nuevo régimen no se lee únicamente como una reforma administrativa, sino como una medida con impacto directo sobre la economía cotidiana: desde el tendero que vende productos importados legalmente hasta el consumidor que termina expuesto a mercancía sin controles de origen o calidad.

La otra tensión está en el equilibrio que se le exige al sector privado. El Estado quiere más cooperación de importadores, transportadores, operadores logísticos y comerciantes, pero el empresariado teme que el nuevo esquema convierta a los actores formales en vigilantes permanentes del sistema sin ofrecerles garantías suficientes. Ese es el punto más delicado: si la regulación se endurece sin claridad operativa, el costo puede trasladarse a trámites más complejos, mayores tiempos de respuesta y más riesgo de sanciones por fallas que no siempre dependen del contribuyente. El resultado final dirá si Colombia construye una política seria contra el contrabando o si termina sumando otra capa de control a un aparato estatal que todavía lucha por hacer cumplir la ley con eficiencia y sin ahogar al sector productivo.

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