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Suben los alimentos frescos y ampliar la dieta saludable vuelve a salir más caro

Hace 13 horas
Suben los alimentos frescos y ampliar la dieta saludable vuelve a salir más caro

Imagen: infobae

Comprar alimentos frescos volvió a golpear el bolsillo en septiembre: frutas, verduras, carne y pescado subieron 5,8%, muy por encima de los procesados, que apenas avanzaron 1,5%. La brecha confirma que comer mejor sigue siendo, cada vez más, un privilegio caro.

El encarecimiento de los alimentos frescos volvió a marcar el pulso del mercado en septiembre. Según informó infobae, frutas, verduras, carne y pescado registraron un aumento del 5,8%, una variación que no solo supera la inflación de los productos procesados, sino que expone una presión creciente sobre la canasta básica de los hogares que intentan alimentarse con opciones menos industrializadas.

El dato es especialmente relevante porque el contraste con los alimentos elaborados es amplio: los productos procesados subieron apenas 1,5%, casi cuatro veces menos que los no elaborados. Esa diferencia no es menor. En la práctica, significa que llenar la nevera con alimentos frescos se está volviendo proporcionalmente más costoso que recurrir a productos industriales, justamente en un contexto en el que millones de familias buscan estirar el salario y mantener una dieta mínimamente saludable. Cuando la fruta, la verdura o la proteína animal se disparan más rápido que el resto de la canasta, la decisión de compra deja de ser nutricional y pasa a ser financiera.

Este comportamiento de precios también ayuda a entender una de las tensiones más persistentes en el costo de vida: no todos los alimentos se encarecen al mismo ritmo, pero sí suelen subir con más fuerza aquellos que resultan más sensibles a factores climáticos, logísticos y productivos. En el caso de los frescos, basta una alteración en la oferta, mayores costos de transporte o problemas en la cadena de distribución para que el impacto llegue de inmediato al consumidor final. Por eso el dato de septiembre importa más allá del mes en cuestión: revela una tendencia que castiga con más fuerza a los hogares de ingresos medios y bajos, para quienes una dieta balanceada depende del precio diario del mercado y no de la teoría económica.

La lectura de fondo es incómoda. Mientras el debate público suele concentrarse en la inflación general, la realidad en la mesa muestra un fenómeno más duro: comer sano cuesta cada vez más. Y cuando los alimentos básicos y frescos se encarecen por encima de los procesados, el sistema empuja a muchas familias hacia opciones más baratas pero menos nutritivas. Ese desequilibrio no solo afecta el bolsillo; también tiene consecuencias de salud pública, porque termina moldeando lo que la gente puede, y no lo que quiere, poner en el plato.

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