La mayoría de los votantes en EE. UU. mira de lejos el Mundial 2026, según una encuesta
Imagen: infobae estados unidos
A menos de dos años del Mundial de 2026, la mayoría de los votantes en Estados Unidos dice que no piensa seguirlo de cerca. Según un sondeo de Emerson College, el 58% muestra poco o ningún interés por el torneo que será organizado por EE. UU., México y Canadá.
A menos de dos años de que arranque la Copa Mundial de 2026, el entusiasmo en Estados Unidos no parece acompañar la magnitud del evento. Una encuesta de Emerson College, citada por infobae estados unidos, encontró que el 58% de los votantes estadounidenses tiene poco o ningún interés en seguir el certamen, un dato que contrasta con la expectativa que suele rodear a un torneo que, por primera vez, será organizado de manera conjunta por Estados Unidos, México y Canadá.
El sondeo deja ver una realidad incómoda para los organizadores y para quienes apuestan a que el fútbol termine de ganar terreno en el mercado estadounidense: el Mundial despierta más curiosidad institucional que emoción masiva. Aunque el fútbol ha crecido de forma sostenida en los últimos años, especialmente entre públicos jóvenes, comunidades latinas y sectores urbanos, el estudio sugiere que ese avance todavía no se traduce en una adhesión amplia entre el electorado. En términos políticos y culturales, eso importa porque revela la distancia entre el relato de un país anfitrión y el interés real del ciudadano promedio.
La lectura del dato también obliga a mirar el contexto. Estados Unidos no es un territorio ajeno al fútbol, pero sí sigue siendo un país dominado por otras grandes ligas y otros códigos deportivos. La NFL, la NBA, el béisbol y, en menor medida, el hockey conservan una centralidad que el fútbol apenas empieza a disputar en segmentos específicos. Que el 58% de los votantes diga que no seguirá el Mundial con atención no significa que el torneo vaya a fracasar en términos de asistencia o audiencia global; sí indica, en cambio, que el efecto arrastre sobre el conjunto del país podría ser más limitado de lo que sugieren los discursos optimistas. Para la FIFA y para los socios norteamericanos del torneo, el desafío no será solo vender entradas o paquetes televisivos, sino convertir un megaevento internacional en una experiencia que conecte con públicos que hoy lo ven como algo lejano.
En la práctica, esta brecha entre la organización y el interés popular tiene implicaciones económicas y políticas. El Mundial de 2026 promete derrama turística, consumo local y una vitrina internacional para ciudades sede en Estados Unidos, pero esa proyección depende de que el evento logre instalarse más allá de los círculos ya convencidos. También puede convertirse en una prueba de fuego para el crecimiento del fútbol en el país: si ni siquiera la condición de anfitrión alcanza para despertar interés mayoritario entre los votantes, el deporte todavía enfrenta un límite cultural profundo. Y en un año en el que el espectáculo deportivo convivirá con un clima político polarizado, la encuesta de Emerson College funciona como recordatorio de que, en Estados Unidos, la escala global del Mundial no siempre garantiza una audiencia nacional a la altura de la inversión.


