Gobierno impulsa acuerdos con Medio Oriente y Asia-Pacífico para abrir exportaciones
Imagen: El Tiempo - Política
El Gobierno presentó al Congreso los tres primeros proyectos que marcarán su agenda de política exterior, con foco en acuerdos comerciales con Medio Oriente y Asia-Pacífico. La apuesta promete abrir mercados, pero expertos advierten que sin capacidad técnica, diplomática y empresarial quedará en anuncio.
El Gobierno llevó al Congreso los tres primeros proyectos que quiere priorizar en política exterior y puso sobre la mesa una apuesta ambiciosa: avanzar en acuerdos comerciales con Medio Oriente y Asia-Pacífico para intentar traducir esa agenda en más exportaciones e inversión. La movida, según El Tiempo - Política, busca mostrar una política exterior con impacto económico real, pero el reto no está solo en firmar documentos, sino en convertirlos en negocios concretos para el país.
La iniciativa llega en un momento en el que Colombia necesita diversificar mercados y depender menos de sus socios tradicionales. Abrir puertas en regiones como Asia-Pacífico y Medio Oriente puede sonar atractivo en el papel, sobre todo por el tamaño de sus economías y su capacidad de compra, pero expertos consultados por el medio advierten que ese camino exige mucho más que voluntad política. Hacen falta equipos negociadores sólidos, reglas claras para sectores sensibles, estrategia de promoción comercial y una coordinación estrecha con empresarios que hoy todavía ven esos destinos como mercados lejanos y de difícil acceso.
El punto de fondo es que los tratados o acercamientos comerciales no garantizan por sí solos un aumento de exportaciones. Colombia arrastra problemas estructurales que limitan su aprovechamiento de estas aperturas: infraestructura deficiente, costos logísticos altos, baja sofisticación de la oferta exportadora y una diplomacia comercial que muchas veces llega tarde o sin suficiente músculo técnico. Si el Gobierno quiere que estos proyectos no se queden en el terreno simbólico, tendrá que demostrar que puede mover simultáneamente embajadas, ministerios, gremios y sectores productivos. De lo contrario, el país corre el riesgo de repetir una vieja historia: anunciar grandes destinos comerciales sin resolver primero sus debilidades internas.
Por eso esta discusión importa más allá del lenguaje diplomático. Lo que está en juego no es solo la firma de nuevos acuerdos, sino si Colombia logra insertarse con mayor inteligencia en cadenas de valor globales y atraer capital a sectores con potencial. En un contexto de competencia internacional feroz, el éxito de esta apuesta se medirá menos por los titulares y más por la capacidad real de transformar la política exterior en empleo, inversión y exportaciones sostenibles.



