De la Espriella condiciona a las EPS a resultados y control técnico

Imagen: infobae colombia
El presidente Abelardo de la Espriella marcó distancia de una reforma basada en castigar al sistema: dijo que las EPS no son enemigas, pero sí serán intervenidas si fallan. Su mensaje apunta a una depuración técnica del modelo, con la UPC como pieza clave.
El presidente Abelardo de la Espriella trazó este jueves una línea clara sobre el rumbo de la salud en Colombia: su Gobierno no ve a las EPS como adversarias, pero tampoco piensa tolerar a las que operen mal, administren con irresponsabilidad los recursos o resulten inviables. El mensaje, lanzado durante una visita al Ministerio de Salud junto a la ministra Ana María Vesga, deja ver que la discusión no será ideológica sino de resultados, una diferencia que puede marcar el tono de la reforma sanitaria en los próximos meses.
De la Espriella sostuvo que el país necesita “recuperar y mejorar” el sistema, es decir, rescatar lo que todavía funciona y corregir lo que, según su diagnóstico, se volvió insostenible. En ese marco, advirtió que las entidades que no garanticen una atención adecuada podrán ser intervenidas, reorganizadas o incluso sustituidas. El presidente insistió en que las decisiones sobre financiación, aseguramiento, prestación de servicios, medicamentos e intervención de EPS estarán guiadas por la evidencia técnica y por el efecto real que tengan sobre los pacientes, no por consignas políticas. También aseguró que su Gobierno no promoverá una estatización automática del sector.
La apuesta del mandatario se concentra en un punto sensible: la Unidad de Pago por Capitación, la UPC, que define cuánto dinero recibe el sistema por cada afiliado. De acuerdo con su planteamiento, esa cifra debe calcularse con transparencia y sustento técnico, porque de ella depende que los recursos lleguen a tiempo a EPS, hospitales, clínicas y proveedores. En la práctica, ese debate no es menor: si el cálculo falla, la presión financiera se traslada a la red asistencial y, al final, al paciente que espera una cita, un medicamento o una cirugía. Por eso De la Espriella enmarcó su gestión en una premisa simple, pero políticamente incómoda para todos los sectores: primero la atención al usuario, luego la disputa entre modelos.
El presidente también dejó claro que las EPS no serán tratadas como un bloque homogéneo. Según su visión, las entidades viables y bien administradas seguirán operando; las que tengan problemas corregibles deberán presentar planes de recuperación; y las que sean inviables quedarán expuestas a decisiones de mayor calado. Ese enfoque anticipa una depuración selectiva del sistema, con el argumento de que no todas las fallas se resuelven cerrando instituciones, pero tampoco se pueden salvar estructuras que ya no cumplen su función. En un país donde la salud suele medirse más por las filas y las quejas que por los discursos, el reto para el Gobierno será demostrar que la promesa de eficiencia no termine convertida en otra reforma atrapada entre la técnica, la política y la urgencia de los pacientes.




