Colombia

Del rescate tras el terremoto a un ataque en Palmira: la dura ruta de un cabo del Ejército

Hace 5 horas

Álvaro José Gómez Molina pasó de buscar cuerpos entre los escombros del edificio Vanessa, tras el terremoto, a sobrevivir a un operativo en Palmira donde recibió cuatro impactos de bala. Su historia resume la dureza de un país donde el deber, muchas veces, se paga con sangre.

Álvaro José Gómez Molina, cabo del Ejército, vive una historia que cruza dos escenas de la Colombia más cruda: la emergencia humanitaria y la violencia armada. Primero estuvo entre quienes ayudaron a remover escombros y rescatar cuerpos en el edificio Vanessa, después de la tragedia por el terremoto; más tarde, en Palmira, sobrevivió a un operativo en el que recibió cuatro disparos. Su recorrido no es solo el de un militar herido: es el retrato de un país donde el servicio público y el riesgo suelen ir de la mano.

Según informó El Tiempo (Colombia), Gómez Molina relató su travesía junto a su equipo durante la atención de la emergencia, cuando la prioridad era localizar víctimas y asistir a los afectados en medio del caos. Esa experiencia, ya de por sí extrema, quedó eclipsada después por el ataque armado en el Valle del Cauca, donde terminó gravemente herido. El cabo logró salir con vida de un episodio que pudo costarle la vida, y su testimonio deja ver la fragilidad con la que operan quienes están en primera línea, ya sea frente a desastres naturales o frente a la violencia criminal.

Lo que vuelve especialmente potente este caso no es solo la secuencia de hechos, sino lo que revela sobre el país. En Colombia, el Ejército no actúa únicamente en escenarios de guerra o control territorial: también termina siendo una de las primeras instituciones llamadas a responder en medio de catástrofes y crisis humanitarias. Pero esa misma exposición lo pone en la ruta de amenazas constantes. Palmira, además, no es un punto cualquiera del mapa: el Valle del Cauca ha sido durante años un corredor estratégico para distintas estructuras armadas y redes del crimen, lo que explica por qué un operativo puede convertirse en una emboscada mortal. La historia de Gómez Molina recuerda que detrás de cada uniforme hay personas que salen a cumplir una misión sin saber si regresarán enteras, y que el costo de la inseguridad en Colombia no se mide solo en cifras, sino en biografías partidas.

En medio de esa dureza, el relato del cabo también tiene un elemento que sobresale: la supervivencia. Haber salido con vida de un ataque con cuatro balazos, después de haber enfrentado otra tragedia de gran impacto, convierte su testimonio en una especie de radiografía de resistencia. Pero también deja una pregunta incómoda sobre la protección real de quienes cumplen funciones de alto riesgo en el país. Si algo muestra esta historia, es que en Colombia el heroísmo cotidiano suele convivir con una vulnerabilidad institucional que sigue sin resolverse del todo.

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