Cauca exige presencia presidencial tras atentado que destruyó el peaje El Mango
Imagen: El Tiempo (Colombia)
La destrucción del peaje El Mango volvió a poner al Cauca en el centro de la crisis de seguridad que golpea al suroccidente colombiano. Desde Popayán, ciudadanos y el gobernador Octavio Guzmán le exigen al presidente Abelardo de la Espriella que llegue al departamento y asuma la emergencia de manera directa.
La destrucción del peaje El Mango reavivó la presión política y ciudadana sobre la Casa de Nariño: en el Cauca, voces locales le están pidiendo al presidente Abelardo de la Espriella que visite el departamento y enfrente sobre el terreno la escalada violenta que mantiene en vilo a Popayán y a varios municipios vecinos. El reclamo llegó después del atentado que arrasó la infraestructura vial y dejó en evidencia, una vez más, la fragilidad de la seguridad en una región donde la confrontación armada se ha convertido en rutina.
Ciudadanos de Popayán y el gobernador Octavio Guzmán elevaron el tono de sus exigencias luego del ataque al peaje El Mango, que no solo provocó daños materiales sino que también profundizó la sensación de abandono institucional. Según informó El Tiempo (Colombia), las voces del departamento insisten en que la presencia del jefe de Estado no puede seguir aplazándose en medio de una crisis que afecta la movilidad, la economía local y la confianza de la población en la capacidad del Gobierno para recuperar el control territorial.
El caso del Cauca vuelve a mostrar un patrón ya conocido en Colombia: cuando la violencia escala, las comunidades piden más que comunicados y anuncios desde Bogotá. Quieren presencia, coordinación y decisiones concretas. Y no es una demanda menor. El Cauca ha sido durante años una de las zonas más golpeadas por la disputa entre grupos armados, economías ilegales y una institucionalidad que llega tarde o llega debilitada. La voladura de un peaje tiene un peso simbólico y práctico: corta una vía, altera el comercio y manda un mensaje de dominio territorial que termina castigando a la gente de a pie.
Por eso la petición al presidente no es solo una exigencia protocolaria sino una señal de cansancio. En Popayán y en buena parte del departamento, la percepción es que la crisis dejó de ser excepcional y pasó a ser permanente. Si el Gobierno no responde con una estrategia visible y sostenida, el riesgo es que el Cauca siga normalizando lo que en cualquier democracia debería ser inaceptable: que la violencia marque la agenda pública y que el Estado aparezca, otra vez, detrás de los hechos.


