Regreso entre ruinas en el sur de Líbano: la tregua no borra la guerra

Imagen: El País
Miles de habitantes están regresando al sur de Líbano tras una tregua frágil, pero se encuentran con pueblos arrasados y servicios colapsados. En medio de las ruinas, muchos siguen respaldando a Hezbolá y desconfían de una paz negociada con Israel.
El regreso de miles de familias al sur de Líbano está dejando una imagen brutal: pueblos reducidos a escombros, calles irreconocibles y hogares destruidos tras semanas de bombardeos. La pausa en las hostilidades ha permitido volver, pero no ha traído normalidad; quienes llegan a sus aldeas se encuentran con un territorio devastado y con la sensación de que la guerra, lejos de haber terminado, apenas está en suspenso.
Según informó El País, la escena se repite en distintas localidades de la frontera: casas perforadas por misiles, comercios arrasados y una infraestructura básica prácticamente inutilizable. Aun así, el retorno avanza, impulsado por la necesidad de recuperar lo que quede de sus vidas y por el arraigo a una zona castigada durante años por el conflicto con Israel. En ese contexto, muchos habitantes mantienen su apoyo a Hezbolá, al que ven no solo como fuerza armada sino como actor político y social que ha ocupado el vacío de un Estado incapaz de proteger y reconstruir.
Ese respaldo ayuda a entender por qué una salida negociada sigue siendo tan difícil. En el sur libanés, la destrucción no ha generado necesariamente un giro hacia la desescalada; para una parte de la población, la memoria de los ataques israelíes pesa más que la promesa de una paz que consideran frágil, desigual o directamente imposible sin garantías reales. La guerra en la frontera también refleja una crisis más amplia: un Líbano debilitado, con instituciones exhaustas y una economía hundida, donde cada nuevo ciclo de violencia profundiza la pobreza y empuja a más personas a depender de redes políticas y milicianas para sobrevivir.
Lo que está ocurriendo en el sur de Líbano importa más allá de esa frontera. Si la tregua no se sostiene, el regreso de los desplazados podría convertirse en otro episodio de desplazamiento forzado y reconstrucción imposible. Y si se consolida la lógica de guerra permanente, los civiles seguirán pagando el precio de una disputa regional que no se resuelve en el terreno diplomático, sino sobre las ruinas de quienes intentan volver a casa.



