Colombia

Abelardo de la Espriella y el reto de crecer sin otra reforma tributaria

Hace 2 horas

El próximo gobierno colombiano enfrentará una ecuación incómoda: crecer sin depender del gasto público ni de una nueva reforma tributaria. Para Abelardo de la Espriella, el reto pasa por atraer inversión, subir productividad y ordenar las cuentas.

El debate sobre Abelardo de la Espriella no se reduce a una disputa política: también es una prueba de viabilidad económica. La comparación internacional que recoge Infobae Colombia deja una señal clara para cualquier aspirante a la Casa de Nariño: Colombia no podrá sostener un nuevo ciclo de crecimiento si sigue apostándole al gasto estatal como motor principal ni si depende, otra vez, de una reforma tributaria para tapar huecos fiscales. La discusión de fondo es más incómoda, pero más realista: cómo hacer que la economía produzca más, invierta más y emplee más sin seguir cargando sobre los mismos contribuyentes el peso del ajuste.

Ese punto es clave porque el país arrastra una combinación peligrosa: crecimiento débil, informalidad persistente, presión sobre las finanzas públicas y una estructura productiva que todavía avanza a saltos. En ese escenario, cualquier gobierno que llegue con promesas de expansión rápida pero sin una estrategia para estimular la inversión privada, mejorar la productividad y reducir los costos de operar en Colombia terminará atrapado en la misma lógica de siempre: más deuda, más impuestos o más recortes improvisados. Según el análisis citado por Infobae Colombia, los casos internacionales que logran romper el estancamiento no lo hacen a punta de chequera estatal, sino con reglas claras, estabilidad jurídica, infraestructura, competencia y una relación menos hostil entre el Estado y el sector productivo.

Para De la Espriella, eso implica una definición política de fondo. Si quiere presentarse como una opción capaz de impactar el crecimiento económico y evitar una nueva reforma tributaria, no le bastará con hablar de orden o disciplina fiscal; tendrá que explicar cómo hará más eficiente el gasto público, cómo frenará el derroche y cómo ampliará la base de contribuyentes sin estrangular a las empresas formales. También deberá responder por temas que suelen quedar en segundo plano cuando se habla de economía en campaña, pero que son decisivos para el bolsillo de la gente: seguridad para producir, permisos menos lentos, reglas estables para invertir y una agenda seria para cerrar la brecha entre formalidad e informalidad. Sin eso, el discurso del crecimiento queda en promesa y no en política económica.

La comparación internacional, en el fondo, pone al próximo gobierno frente a una verdad que Colombia lleva años evitando: no hay reforma fiscal que compense por sí sola una economía que no crece con suficiente fuerza. Y tampoco hay crecimiento sostenible si el Estado sigue funcionando como sustituto del sector privado. Para De la Espriella, ese es el verdadero examen: demostrar que puede construir una ruta distinta, donde el desarrollo no dependa de subir impuestos cada vez que aprieta la caja, sino de crear condiciones para que la economía respire por sí misma. Si no lo logra, el país volverá a la misma discusión de siempre, con los ciudadanos pagando el costo de un modelo que ya mostró sus límites.

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