Ejército denuncia que disidencia en Cauca se llevó el cuerpo de un soldado muerto
Imagen: El Tiempo (Colombia)
El Ejército colombiano denunció que la disidencia 'Carlos Patiño' se llevó el cuerpo del soldado Idel José Torres Herrera, muerto en combate en el Cauca. La institución califica el hecho como un crimen de guerra y un golpe a la dignidad de la Fuerza Pública.
El Ejército colombiano denunció que la estructura disidente 'Carlos Patiño' sustrajo el cuerpo del soldado Idel José Torres Herrera, asesinado en el Cauca en medio de operaciones militares. La Tercera División calificó el hecho como un crimen de guerra y lo presentó no solo como una agresión contra la Fuerza Pública, sino como una afrenta directa a las normas más básicas del conflicto armado, al impedir que el cuerpo del uniformado fuera recuperado por sus compañeros y trasladado con dignidad.
De acuerdo con la información conocida hasta ahora, el hecho ocurrió en un territorio donde esa disidencia conserva capacidad de intimidación, control armado y movilidad sobre corredores estratégicos. El Ejército ha insistido en que no se trató de un incidente aislado, sino de una práctica que revela el nivel de degradación de los grupos residuales de las antiguas Farc, capaces de combinar hostigamientos, emboscadas y actos de humillación sobre los muertos en combate. En este caso, la denuncia se centra en el soldado Idel José Torres Herrera, cuya muerte ya había sido un golpe para su unidad, pero cuya desaparición física después del combate añade una dimensión especialmente grave.
Lo ocurrido importa por varias razones. Primero, porque el Cauca sigue siendo uno de los epicentros más sensibles del conflicto armado en Colombia, con presencia de disidencias, disputas por rutas ilegales y una población civil atrapada entre presiones armadas. Segundo, porque la sustracción de un cadáver en medio de operaciones militares no es un detalle menor: erosiona los mínimos humanitarios y profundiza la sensación de barbarie en una guerra que, aunque cambió de forma tras el acuerdo de paz con las Farc, no ha dejado de cobrarse víctimas ni de exhibir señales de brutalidad. Para las familias de los soldados, además, este tipo de hechos prolonga el dolor y convierte el duelo en incertidumbre.
La denuncia de la Tercera División también pone presión sobre el Estado para responder en dos frentes: el militar, con operaciones contra una estructura que sigue desafiando la autoridad en el suroccidente, y el institucional, con la obligación de garantizar la recuperación de los restos y el respeto por los caídos. En un país acostumbrado a contar los muertos del conflicto, este episodio recuerda que la guerra colombiana sigue atravesada por actos de sevicia que no solo buscan ganar terreno, sino enviar mensajes de terror. Y cuando una disidencia se lleva el cuerpo de un soldado, el mensaje no es solo contra el Ejército: es contra toda la sociedad que aún intenta sostener un mínimo de humanidad en medio de la violencia.
