Colombia

Arranca en Cali la demolición de los edificios marcados por el terremoto en Los Cámbulos

Hace 2 horas

La demolición de tres edificaciones emblemáticas en Los Cámbulos marca el cierre de una herida abierta por el terremoto que golpeó a Cali hace décadas. El proceso, que combina maquinaria pesada e implosión, redefine el paisaje urbano y revive preguntas sobre memoria y seguridad.

Cali volvió a mirar hacia una de sus cicatrices más visibles: comenzó la demolición de las edificaciones afectadas por el terremoto en el sector de Los Cámbulos, un proceso que no solo cambia el paisaje urbano, sino que también pone punto final a estructuras que durante años recordaron la magnitud de aquella tragedia. Según informó El Tiempo (Colombia), ya están siendo intervenidos con maquinaria los edificios Metrópolis, D’Corpus y Cali Express, mientras que el Multifamiliar Los Laureles será derribado mediante implosión, una técnica reservada para estructuras que requieren una caída controlada y rápida.

La escena tiene una carga simbólica y práctica. Por un lado, avanza una operación de ingeniería que busca remover edificaciones comprometidas y liberar el terreno para una nueva etapa. Por otro, para muchos caleños se trata de la desaparición de referentes visuales que se integraron al imaginario de la ciudad como testigos de una emergencia prolongada en el tiempo. La intervención, de acuerdo con la información publicada por El Tiempo (Colombia), responde a la necesidad de actuar sobre inmuebles que ya no podían seguir en pie con condiciones aceptables de seguridad, lo que explica la decisión de combinar demolición mecánica con implosión según el caso.

Más allá del impacto inmediato en la zona, lo que sucede en Los Cámbulos habla de una discusión que se repite en Colombia cada vez que una ciudad enfrenta daños estructurales de gran escala: qué hacer con los edificios que quedan marcados por un desastre y cómo equilibrar memoria, seguridad y renovación urbana. En Cali, la demolición de estos inmuebles no solo libera espacio físico; también obliga a pensar en la velocidad con la que las ciudades procesan sus tragedias y en el costo emocional de borrar, pieza por pieza, escenarios que durante años permanecieron como recordatorio del sismo. Para los habitantes del sector y para la ciudad en general, lo que empieza hoy no es únicamente una demolición: es el cierre de una etapa que mezcla riesgo, abandono y memoria colectiva.

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