Eduardo Bolsonaro aviva la campaña con una promesa de apertura a EE.UU. y giro regional

Imagen: infobae estados unidos
Eduardo Bolsonaro aseguró que Flávio Bolsonaro puede derrotar a Lula en primera vuelta y prometió que, si la familia vuelve al poder, Brasil buscará un acuerdo comercial con Estados Unidos. La apuesta mezcla campaña, geopolítica y una señal de alineamiento regional con Argentina.
Eduardo Bolsonaro elevó este domingo el tono de la campaña al afirmar que el crecimiento de su hermano Flávio podría llevarlo a vencer a Luiz Inácio Lula da Silva en primera vuelta, una lectura que busca instalar la idea de que el bolsonarismo no solo sigue vivo sino que conserva capacidad de expansión electoral. La declaración no es menor: llega en un momento en que la derecha brasileña intenta reordenarse alrededor del apellido Bolsonaro y convertir el capital político de la familia en una alternativa viable para disputar el poder al presidente en ejercicio.
Según informó Infobae Estados Unidos, Eduardo también anticipó que, si el proyecto político de su familia vuelve a la Presidencia, Brasil impulsará negociaciones para un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos y reencauzará la relación con Argentina. Esa doble señal tiene lectura interna y externa. Hacia adentro, apunta a presentar a los Bolsonaro como una opción de apertura económica frente al discurso más intervencionista o social de Lula. Hacia afuera, busca enviar a Washington y a la región la idea de que un eventual regreso del bolsonarismo significaría un alineamiento más estrecho con gobiernos de corte liberal en lo comercial y menos confrontativos en materia diplomática.
El mensaje no debe leerse solo como una promesa de campaña. En el fondo, revela cómo la familia Bolsonaro intenta recuperar centralidad en un tablero político brasileño que sigue polarizado, pero donde la figura de Lula continúa siendo el punto de referencia inevitable. Hablar de una victoria en primera vuelta es una forma de proyectar fuerza, movilizar a la base conservadora y transmitir a los aliados internacionales que el bolsonarismo sigue siendo una apuesta con futuro. Al mismo tiempo, la mención a Estados Unidos y Argentina sugiere que la elección brasileña también se juega en clave regional: comercio, alianzas y orientación ideológica.
Para los votantes, especialmente los sectores empresariales y exportadores, la referencia a un eventual acuerdo con Estados Unidos puede sonar atractiva por sus promesas de acceso a mercados y mayor previsibilidad. Pero también abre interrogantes sobre el costo político y diplomático de una eventual reorientación de la política exterior brasileña. En una región donde los giros ideológicos suelen tener efectos concretos sobre empleo, inversión y relación con los vecinos, la señal de Eduardo Bolsonaro confirma que esta campaña no se disputa solo en las urnas: también se define en qué dirección quiere moverse Brasil en el mapa de poder de América Latina.



