EE.UU. cierra su capítulo militar en Irak tras 20 años y deja un vacío delicado

Imagen: BBC Mundo
Estados Unidos cerrará este 30 de septiembre dos décadas de presencia militar en Irak, una retirada que marca el fin de una etapa iniciada con la invasión de 2003. El repliegue deja abiertas dudas sobre la seguridad interna iraquí y el equilibrio regional en Medio Oriente.
Estados Unidos se apresta a poner fin este 30 de septiembre a su presencia militar en Irak, una salida que cierra un ciclo abierto hace 20 años con la invasión de 2003 y la caída de Saddam Hussein. Aunque la retirada se presenta como el cierre de una etapa, en la práctica deja sobre la mesa una pregunta mucho más incómoda: qué tan preparado está Irak para sostener su seguridad sin el paraguas estadounidense y qué costo tendrá ese vacío en una región que sigue siendo altamente volátil.
De acuerdo con la información divulgada por BBC Mundo, Washington retirará las tropas que aún permanecen desplegadas en territorio iraquí, completando así un proceso que ha pasado por distintas fases, desde el despliegue masivo inicial hasta la reducción progresiva de soldados en los últimos años. La presencia militar estadounidense en Irak estuvo marcada por una guerra que justificó entonces la intervención como parte de la estrategia global de seguridad de Washington, pero que terminó dejando un país profundamente fragmentado, con instituciones debilitadas, crisis recurrentes de gobernabilidad y una relación compleja entre Bagdad y sus aliados externos.
La salida de EE.UU. importa mucho más allá del simbolismo. Irak ha sido durante dos décadas un tablero de disputa entre Washington, Teherán y distintos actores armados y políticos internos, y la retirada abre interrogantes sobre quién llenará ese espacio de influencia. Para la población iraquí, el final de la presencia militar estadounidense puede significar alivio frente a una ocupación largamente cuestionada, pero también temor ante un escenario en el que las fuerzas locales sigan enfrentando amenazas de insurgencia, tensiones sectarias y la presión de actores regionales con agendas propias. En otras palabras, el problema no es solo quién se va, sino qué queda detrás.
El retiro también obliga a leer el momento con una mirada más amplia. Dos décadas después de la invasión que transformó Irak y reconfiguró Medio Oriente, Estados Unidos abandona el terreno con resultados discutibles y con una factura política y humana que aún pesa en la memoria de la región. Para la política exterior norteamericana, este cierre llega en un contexto en el que Washington intenta redefinir sus prioridades globales sin renunciar a su influencia en una zona clave para la energía, la seguridad y la estabilidad internacional. Irak, por su parte, entra en una nueva fase en la que tendrá que demostrar si puede sostener su soberanía real sin depender de la presencia militar extranjera.

