Cepeda respalda a De La Espriella y revive el debate por una capital alterna en Barranquilla
Imagen: El Tiempo - Política
Efraín Cepeda salió a respaldar la idea de Abelardo De La Espriella de convertir a Barranquilla en capital alterna, una propuesta que reabre el debate sobre el poder concentrado en Bogotá. Para el líder conservador, la iniciativa puede impulsar la descentralización y darle más peso al Caribe.
El respaldo de Efraín Cepeda a la propuesta de Abelardo De La Espriella para que Barranquilla sea reconocida como capital alterna reactivó una discusión de fondo en Colombia: la concentración del poder político, administrativo y económico en Bogotá y la necesidad, cada vez más insistente, de repartir influencia hacia las regiones. El líder del Partido Conservador defendió la idea al señalar que puede convertirse en una herramienta para fortalecer la descentralización y empujar el desarrollo regional, una bandera que en el Caribe colombiano lleva años sin traducirse en cambios estructurales.
La postura de Cepeda, recogida por El Tiempo - Política, no es menor por quien la emite. Barranquilla ha logrado posicionarse en la última década como una de las ciudades con mayor dinamismo económico del país, con avances en infraestructura, competitividad y proyección internacional. En ese contexto, hablar de capital alterna no es solo un gesto simbólico: es una apuesta por darle a la ciudad un papel más protagónico dentro del mapa institucional colombiano. La propuesta de De La Espriella, al encontrar eco en un dirigente de peso del conservatismo, gana visibilidad en un momento en el que la discusión sobre autonomía territorial vuelve a aparecer con fuerza en el debate público.
Pero más allá del titular, el trasfondo es político y profundamente territorial. En Colombia, la descentralización suele invocarse en discursos de campaña, pero avanza con lentitud en la práctica. Las regiones reclaman mayor capacidad de decisión, más recursos y menos dependencia de los despachos centrales, mientras Bogotá sigue concentrando buena parte de las decisiones que afectan a todo el país. En ese escenario, la idea de una capital alterna para Barranquilla funciona como símbolo y como mensaje: el Caribe quiere dejar de ser solo receptor de promesas y convertirse en un centro real de poder y gestión. El debate, sin embargo, todavía tendrá que superar preguntas incómodas sobre viabilidad jurídica, alcances institucionales y si este tipo de iniciativas pueden pasar de la narrativa política a una transformación efectiva para la gente.
Lo cierto es que el respaldo de Cepeda no solo le da oxígeno a la propuesta, sino que también la inserta en una conversación más amplia sobre el futuro del Estado colombiano. Si Barranquilla aspira a convertirse en capital alterna, la discusión no debería quedarse en el nombre o en el simbolismo, sino en qué decisiones concretas podrían trasladarse a las regiones para que la descentralización deje de ser una consigna repetida y empiece, por fin, a sentirse en la vida cotidiana de los ciudadanos.



