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España redefine la maternidad: crece el rechazo a tener hijos y el recurso a la fertilidad

Hace 14 horas
España redefine la maternidad: crece el rechazo a tener hijos y el recurso a la fertilidad

Imagen: El País

Casi una de cada 10 mujeres españolas de entre 40 y 49 años ha pasado por un tratamiento de reproducción asistida, según el avance de la encuesta de fecundidad del INE. El dato refleja hasta qué punto la maternidad se aplaza en España mientras crece el grupo que no quiere tener hijos.

España está entrando en una nueva etapa demográfica marcada por dos tendencias que avanzan en paralelo: menos mujeres quieren tener hijos y, al mismo tiempo, más recurren a la reproducción asistida para intentar ser madres cuando la biología ya aprieta. Según el avance de resultados de la encuesta de fecundidad del Instituto Nacional de Estadística, casi una de cada 10 mujeres de entre 40 y 49 años ha pasado por un tratamiento de fertilidad. El dato no solo habla de medicina reproductiva; habla también de retraso vital, de decisiones condicionadas por el mercado laboral, el precio de la vivienda y la dificultad para encajar proyecto personal y maternidad.

La cifra cobra más fuerza si se lee junto al otro gran hallazgo de la encuesta: el 15,5% de las mujeres en España no quiere tener hijos. No estamos ante una anomalía aislada, sino ante un cambio social profundo. Durante años, el debate público ha atribuido la caída de la natalidad casi exclusivamente a la falta de políticas familiares o a la precariedad económica. Eso sigue siendo cierto, pero el dato del INE añade una capa más incómoda para quienes simplifican el fenómeno: no toda la renuncia a la maternidad responde a imposibilidad material; en una parte creciente de la población femenina también hay una decisión consciente de no maternar. Y entre quienes sí quieren, cada vez más lo intentan tarde, cuando muchas veces ya necesitan ayuda médica.

Ese desplazamiento temporal tiene consecuencias concretas. Retrasar la maternidad hasta los 40 años o más eleva la probabilidad de necesitar técnicas de reproducción asistida, encarece el proceso para las familias y somete a las mujeres a una carrera contra el reloj biológico que rara vez se menciona con honestidad en el debate político. También tensiona al sistema sanitario y al sector privado de fertilidad, que ha crecido en España hasta convertir al país en uno de los referentes europeos en estos tratamientos. Pero detrás de la estadística hay algo más de fondo: una sociedad que ha dejado de asumir que ser madre es un destino inevitable. Para una parte de las españolas, no tener hijos ya no es un fracaso ni una excepción, sino una opción legítima. Y eso obliga a mirar la baja natalidad no solo como un problema de cifras, sino como un cambio cultural de largo alcance.

La consecuencia es clara: España no enfrenta únicamente un invierno demográfico, sino una redefinición de la maternidad. Mientras el Estado discute cómo sostener pensiones, empleo y crecimiento en una sociedad que envejece, miles de mujeres están reescribiendo sus propios plazos de vida. Algunas porque no pueden antes; otras porque no quieren. Y ambas realidades, juntas, explican por qué la natalidad ya no puede entenderse solo como una cuestión privada, sino como uno de los grandes desafíos sociales y económicos del país.

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