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El aperitivo español deja de ser costumbre y se consolida como negocio millonario

Hace 1 hora

España convierte el Día Mundial del Aperitivo en una vitrina de negocio: un récord con una gilda gigante en Madrid y un sector que mueve más de 3.110 millones de euros. La industria presume empleo estable, exportaciones al alza y una adaptación paulatina a hábitos más saludables.

Madrid volvió a poner al aperitivo en el centro de la conversación pública con una imagen pensada para llamar la atención: una gilda gigante como símbolo de una tradición que sigue muy viva y, sobre todo, de una industria que ya no puede leerse solo como costumbre gastronómica. El Día Mundial del Aperitivo encuentra a España con un sector sólido, extendido por todo el país y respaldado por cifras que explican por qué este hábito cotidiano se ha convertido también en un negocio de gran escala.

Según datos facilitados a Efeagro por la Asociación de Snacks, el cierre consolidado de 2024 situó el mercado en 3.110,15 millones de euros y 386.984 toneladas comercializadas. La entidad sostiene que el sector mantiene una base comercial robusta y que, de acuerdo con Circana, el crecimiento podría seguir en 2026: las ventas en libre servicio de patatas fritas y otros snacks aumentaron un 2,6 % en valor y un 2,1 % en volumen, mientras que los frutos secos y semillas avanzaron un 6,7 % en valor. Detrás de esos números hay algo más que consumo impulsivo: hay una cadena industrial que da empleo directo a unas 20.000 personas, con un 80 % de contratos indefinidos, una presencia prácticamente equilibrada entre hombres y mujeres y una antigüedad media de 11 años, según documentos internos de la organización.

El dato importa porque revela que el aperitivo no es un segmento marginal ni un capricho de bar: es una pieza relevante de la economía alimentaria española, con arraigo territorial, capacidad exportadora y una presión creciente para adaptarse a las nuevas exigencias de salud. La propia industria reconoce ese desafío y afirma haber reducido desde 2005 más del 15 % de la sal en las patatas fritas y más del 24 % en el resto de snacks. Al mismo tiempo, el negocio mira hacia fuera: las exportaciones de patatas fritas y snacks alcanzaron en 2024 los 139,82 millones de euros, un 12,23 % más que un año antes, mientras que los frutos secos llegaron a 897,13 millones, con un salto del 29 %. En paralelo, las salsas vinculadas a esta cultura del picoteo, como el alioli o la mayonesa, también muestran fuerza: en 2025 se consumieron 180,2 miles de toneladas, un 3,9 % más que en 2024.

Hay, además, una dimensión social que explica por qué este sector resiste y crece incluso en un contexto de consumidores más atentos a la salud y al precio. La mitad de las 22 plantas analizadas en España está en municipios de menos de 10.000 habitantes, una señal de arraigo industrial en la España rural que no suele aparecer en las grandes estadísticas macroeconómicas. Empresas como Choví, con 80,5 millones de euros en 2025 y un crecimiento del 10,7 %, muestran que el aperitivo español ya no solo se celebra en la barra del bar: también compite en supermercados, exporta valor y sostiene empleo estable. En un país donde la tradición gastronómica se convierte a menudo en argumento comercial, el aperitivo ha demostrado que su fuerza va mucho más allá de abrir el apetito.

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