Gobierno intensifica ofensiva de seguridad en el Caribe con gira por cuatro ciudades
Imagen: El Tiempo - Política
El Gobierno llevó consejos de seguridad a cuatro ciudades del Caribe en una gira encabezada por Rodrigo Lara, en medio de la presión por violencia y control territorial. La apuesta oficial, según el balance entregado, es recuperar presencia estatal donde la criminalidad ha ganado terreno.
El Gobierno nacional volvió a poner el Caribe en el centro de su agenda de seguridad con una serie de consejos realizados en Riohacha, San Juan del Cesar, Barranquilla y Cartagena, una gira que buscó enviar una señal política clara: el Estado quiere retomar el control de territorios golpeados por la criminalidad, la extorsión y las disputas armadas. Según informó El Tiempo - Política, el ministro del Interior, Rodrigo Lara, entregó un balance de estas jornadas con un mensaje que resume la estrategia oficial: la recuperación territorial no puede seguir postergándose.
Las reuniones, adelantadas en cuatro puntos estratégicos de la región, no fueron un simple trámite administrativo. La elección de esas ciudades refleja una lectura de seguridad que va más allá de un mapa de incidentes: La Guajira sigue siendo una zona clave por sus fronteras, corredores ilegales y debilidad institucional; Barranquilla enfrenta la presión de estructuras delincuenciales que disputan rentas urbanas; y Cartagena, pese a su peso turístico y económico, no ha quedado al margen de los problemas de homicidio, hurto y economías criminales. San Juan del Cesar, por su parte, aparece como un punto de conexión dentro de dinámicas regionales que el Gobierno busca contener antes de que escalen.
El énfasis de Lara en la “recuperación de los territorios” no es solo un lema. En la práctica, implica presencia institucional, coordinación entre Fuerza Pública y autoridades locales, y capacidad real para sostener resultados en el tiempo, algo que históricamente ha fallado en el Caribe colombiano. En una región donde la ciudadanía convive con la extorsión al comercio, la amenaza sobre líderes sociales, la circulación de armas y la presión de grupos ilegales, los consejos de seguridad suelen generar expectativas altas, pero también escepticismo. La pregunta de fondo es si estas reuniones se traducirán en operativos sostenidos, inversión social y justicia efectiva, o si quedarán en el terreno de los anuncios recurrentes que no modifican el control territorial.
El balance entregado por el ministro también deja ver la dimensión política del momento. En un país donde la seguridad sigue siendo una de las principales preocupaciones ciudadanas, el Caribe se convierte en un termómetro de la capacidad del Gobierno para responder con resultados concretos. Para la gente de a pie, especialmente comerciantes, transportadores, jóvenes y líderes comunitarios, el debate no es abstracto: se mide en la posibilidad de abrir un negocio sin pagar vacunas, de transitar sin miedo y de sentir que el Estado aparece antes que los grupos armados. Ahí se juega, en última instancia, la credibilidad de la estrategia oficial.
