Xavi Lozano lleva a Valonsadero un viaje al origen social de la música
Xavi Lozano estrena en Valonsadero un espectáculo que viaja al origen de la música y cuestiona cuándo un objeto deja de ser cosa para convertirse en instrumento. La propuesta, en el marco del Otoño Musical Soriano, mezcla paisaje, acústica y reflexión sobre el papel social del sonido.
El monte Valonsadero se convertirá este sábado en un laboratorio sonoro y simbólico con el estreno de 'La música antes de la música', la nueva propuesta del multiinstrumentista Xavi Lozano dentro del Otoño Musical Soriano. El artista propone una mirada a los primeros sonidos de la humanidad a partir de materiales tan primarios como piedras, madera y huesos, en un montaje que no solo busca entretener, sino obligar al público a repensar qué entendemos por música y por instrumento.
Lozano, nacido en Badalona y afincado en Galicia, parte de una idea que hoy puede sonar simple pero que tiene fondo: las comunidades prehistóricas no vivían tan lejos de nosotros como solemos imaginar. Según explicó en entrevista con EFE, la música ya cumplía entonces una función esencial en la vida colectiva, como una fuerza de cohesión capaz de mantener unidas a las personas. En su lectura, ese papel se asemeja al de un pegamento social que sigue vigente en la actualidad, aunque haya cambiado la forma de producir, consumir y compartir sonido.
La elección de Valonsadero no parece casual. El músico quiere explorar no solo el paisaje, sino también su energía y su acústica, entendiendo el entorno como parte activa del espectáculo. Esa relación entre espacio y sonido encaja con una trayectoria artística marcada por la experimentación: Lozano ha convertido muletas, bicicletas, sillas o escaleras en fuentes de música, desdibujando la frontera entre objeto cotidiano e instrumento. En esta ocasión, sin embargo, el foco está en los recursos que pudieron estar al alcance de las primeras sociedades humanas, una aproximación que conecta pasado y presente sin caer en la nostalgia fácil.
Más allá de la sorpresa escénica, la propuesta apunta a una pregunta de fondo que atraviesa toda su obra: en qué momento un objeto empieza a ser música. Lozano sostiene que la clave no está en la materia, sino en el uso, una reflexión que también interpela al público sobre su propia relación con el sonido y la creación. En tiempos de hiperconexión y exceso de estímulos, el espectáculo recupera una verdad básica: antes de la tecnología y de la industria cultural, ya existía una necesidad humana de expresarse, reconocerse y reunirse alrededor del sonido. Y quizá por eso los niños, como recuerda el músico, siguen siendo quienes mejor conservan esa forma de mirar y escuchar sin prejuicios.



