El Banco de España alerta: España acumulará un déficit de un millón de viviendas en 2028

Imagen: El País
El Banco de España ha elevado a un millón el déficit de viviendas que podría acumular el país en 2028, una revisión que agrava el diagnóstico sobre el mercado inmobiliario. La advertencia llega cuando la oferta sigue muy por detrás de la demanda y amenaza con mantener la presión sobre precios y alquileres.
El Banco de España ha puesto una cifra mucho más dura sobre una crisis que ya golpea a millones de hogares: en 2028 faltarán alrededor de un millón de viviendas si se mantiene la actual dinámica del mercado. La subgobernadora del organismo, Soledad Núñez, adelantó además que en los dos próximos años harán falta 300.000 casas más de las que se calculaban hasta ahora para responder al desajuste entre oferta y demanda, una actualización que confirma que el problema no solo no se corrige, sino que se está ensanchando.
La advertencia del supervisor llega en un momento especialmente sensible para el mercado español, marcado por la escasez de obra nueva, el encarecimiento del suelo, las dificultades para levantar vivienda asequible y una demanda que no deja de crecer en las grandes ciudades y en sus áreas metropolitanas. Según explicó Núñez, el deterioro del equilibrio residencial obliga a revisar al alza las necesidades de vivienda en el corto plazo, lo que en la práctica supone reconocer que el ritmo actual de construcción está lejos de absorber la presión acumulada. En otras palabras: el mercado no está produciendo casas al ritmo que requiere la población, y esa brecha se traslada de inmediato a los precios.
El dato importa porque no se trata solo de una cifra técnica, sino de una radiografía del acceso a la vivienda, uno de los principales factores de tensión social y económica en España. Cuando faltan casas, se encarecen tanto la compra como el alquiler, se retrasa la emancipación de los jóvenes, se amplía la carga financiera de las familias y se profundiza la desigualdad entre quienes ya poseen una vivienda y quienes intentan entrar por primera vez al mercado. Para el Gobierno y las administraciones autonómicas y locales, el diagnóstico del Banco de España también añade presión política: obliga a acelerar suelo finalista, simplificar trámites urbanísticos y aumentar la vivienda protegida si de verdad se quiere corregir el desajuste.
La revisión del déficit habitacional confirma una tendencia que venía observándose desde hace años: España arrastra un problema estructural, no coyuntural. Tras la crisis financiera, la construcción cayó durante demasiado tiempo y la recuperación posterior no ha sido suficiente para compensar el retraso acumulado. A ello se suman factores como el crecimiento demográfico en determinadas zonas, el peso del alquiler turístico, la inversión especulativa y la falta de una política de vivienda capaz de generar oferta estable y asequible. Si no cambia el rumbo, el millón de viviendas que ahora proyecta el Banco de España no será el techo del problema, sino solo una parada intermedia en una crisis más larga de lo que muchos quieren admitir.



