De la Espriella cierra campaña con fe, espectáculo y una denuncia al final del acto
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Abelardo De la Espriella cerró su campaña con una puesta en escena cargada de religiosidad, símbolos de fuerza y una multitud que buscó proyectar músculo político. Al final, el candidato presidencial lanzó una denuncia que elevó el tono del acto y dejó mensaje para la recta final.
Abelardo De la Espriella cerró su campaña presidencial con una escenografía cuidadosamente calculada: plegarias al Señor de los Milagros, banderas, rugidos, un tigre de felpa y una multitud que buscó convertir el acto en una demostración de fuerza política y emocional. El candidato apareció acompañado por su fórmula vicepresidencial, su esposa y una de sus hijas, en una imagen que mezcló fe, familia y campaña en una sola narrativa de poder, identidad y cercanía con el público.
La jornada, tal como la registró El Tiempo (Colombia), no fue un cierre convencional. Estuvo atravesada por una puesta en escena que apeló tanto al fervor religioso como al lenguaje del espectáculo político: símbolos de devoción, gestos de fervor colectivo y una estética pensada para reforzar la idea de liderazgo fuerte, casi de resistencia. En ese contexto, el tigre de felpa no fue un detalle menor; funcionó como emblema visual de una candidatura que intenta venderse como firme, combativa y dispuesta a desafiar a sus adversarios sin matices. El cierre no solo buscó emocionar a los asistentes, sino también producir una imagen útil para la difusión en redes y para el mensaje de campaña: orden, autoridad y movilización.
Pero más allá de la puesta en escena, lo relevante es lo que revela sobre el momento político. En Colombia, los cierres de campaña ya no son únicamente actos para medir asistencia; son piezas de comunicación política diseñadas para condensar una identidad. En el caso de De la Espriella, la mezcla de símbolos religiosos y lenguaje de confrontación apunta a un electorado que responde a mensajes de carácter, fe y castigo al establishment. Ese tipo de narrativa importa porque puede movilizar bases intensas, aunque también profundiza la polarización y empuja la discusión pública hacia la lógica del choque, una fórmula que suele dar réditos en campaña pero deja menos espacio para propuestas concretas sobre seguridad, economía o gobernabilidad.
El cierre dejó además un elemento que no pasó inadvertido: al final del acto, el candidato formuló una denuncia, elevando aún más el tono de la jornada. Sin entrar en detalles no confirmados, el gesto encaja con una estrategia de campaña que busca instalar la idea de presión, persecución o irregularidad alrededor de su proyecto político. En la recta final, ese tipo de denuncias no solo sirven para defender una posición; también intentan consolidar una comunidad emocional que se siente atacada y que vota en clave de lealtad. En un país cansado de la confrontación, el mensaje es claro: De la Espriella quiere que su campaña se lea no como una opción más, sino como una cruzada política con símbolos, fe y conflicto en el centro.




