Madagascar vive su peor año de ataques contra personas con albinismo
Imagen: infobae mundo
Madagascar vive en 2026 su año más violento contra las personas con albinismo: 13 han sido asesinadas, en su mayoría niños, en ataques asociados a supersticiones de riqueza y suerte. La brutalidad expone una crisis de protección que el Estado no logra contener.
Madagascar atraviesa en 2026 su peor año registrado en ataques contra personas con albinismo, con al menos 13 asesinados, la mayoría niños, en una ola de secuestros y crímenes rituales que vuelve a desnudar una violencia profundamente arraigada. Las víctimas no solo son atacadas por su condición genética, sino convertidas en objetivo de redes criminales y creencias supersticiosas que atribuyen a sus cuerpos un supuesto valor mágico para atraer riqueza y suerte.
El dato es estremecedor por sí mismo, pero lo es más cuando se mira el perfil de las víctimas: menores de edad que, según la información difundida por Infobae Mundo, han sido mutilados tras ser secuestrados o agredidos en distintos puntos del país. La recurrencia de estos hechos confirma que no se trata de episodios aislados, sino de una persecución sostenida contra una población especialmente vulnerable, que vive bajo amenaza constante y con muy limitada protección estatal.
Madagascar carga desde hace años con denuncias de ataques contra personas con albinismo, un problema que mezcla pobreza, desinformación, impunidad y mercados ilegales alimentados por prácticas rituales. En ese contexto, cada nuevo crimen no solo representa una tragedia familiar, sino también un fracaso institucional: si el Estado no logra prevenir, investigar y sancionar estos ataques, la señal que termina enviando es de tolerancia. Y esa tolerancia tiene consecuencias concretas: más familias escondiendo a sus hijos, más desplazamiento interno y más miedo en comunidades donde nacer con albinismo puede equivaler a vivir marcado.
Lo que ocurre en Madagascar debería alarmar más allá de sus fronteras porque revela cómo las supersticiones, cuando se mezclan con violencia organizada y ausencia de justicia, pueden convertirse en un sistema de caza contra los más frágiles. En un mundo que presume avances en derechos humanos, la situación de las personas con albinismo en la isla africana recuerda que la crueldad no siempre nace de grandes guerras: a veces se sostiene en rumores, en negocios oscuros y en la impunidad cotidiana que permite que los niños sigan siendo perseguidos por cómo nacieron.




