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Suiza da un giro y abre la puerta a nuevas centrales nucleares

Hace 3 horas

El Parlamento suizo dio un giro histórico al aprobar el plan que permite levantar nuevas centrales nucleares y dejó atrás el veto vigente desde 2018. La última palabra, sin embargo, no la tendrá la Cámara: la decisión pasará a un referéndum nacional.

Suiza acaba de mover una de las piezas más sensibles de su política energética: el Parlamento aprobó el plan para autorizar nuevas centrales nucleares, una decisión que revierte el veto que estaba en pie desde 2018 y que ahora abre una batalla mayor en las urnas. No se trata solo de una corrección técnica o de un ajuste legislativo; es un cambio de rumbo en un país que durante años había apostado por cerrar la puerta a la expansión atómica y reforzar otras fuentes de energía. La medida llega en un momento en que Europa sigue discutiendo cómo asegurar suministro eléctrico, contener precios y cumplir metas climáticas sin quedar atrapada entre la dependencia externa y la volatilidad del mercado energético.

Según informó infobae mundo, la aprobación parlamentaria no implica una decisión definitiva, porque el proceso suizo obliga a someter este tipo de asuntos de enorme peso político a un referéndum, donde los ciudadanos tendrán la última palabra. Ese detalle es clave para entender lo que viene: en Suiza, la energía no se decide únicamente en los despachos de Berna, sino también en una sociedad que históricamente ha participado con fuerza en las grandes definiciones nacionales. La reapertura del debate nuclear probablemente dividirá a partidos, organizaciones ambientales, sectores industriales y votantes que ven en esta tecnología una herramienta de estabilidad, mientras otros la consideran una apuesta costosa, lenta y difícil de conciliar con una transición energética más limpia y descentralizada.

El trasfondo de esta decisión está en una tensión que atraviesa a buena parte de Europa: la necesidad de garantizar electricidad confiable sin renunciar a los compromisos de descarbonización. Para los defensores de la medida, permitir nuevas plantas nucleares puede significar menos exposición a shocks externos, más previsibilidad para la red y una fuente de generación de bajas emisiones capaz de complementar las renovables cuando el clima no acompaña. Para sus críticos, en cambio, el problema no desaparece: persisten los costos de construcción, la gestión de residuos radiactivos, los plazos extensos y el riesgo de convertir una solución de largo plazo en una promesa demasiado lenta frente a la urgencia climática y económica. Lo que está en discusión, en el fondo, es qué combinación de tecnologías puede sostener la seguridad energética de un país rico, industrializado y altamente dependiente de una infraestructura eficiente.

La importancia de este giro va más allá de Suiza. Cada vez que una democracia europea reabre el debate nuclear, el mensaje se proyecta sobre el resto del continente: la transición energética no avanza en línea recta y, ante crisis de suministro o presión sobre los precios, los gobiernos terminan reconsiderando decisiones que parecían cerradas. Si el referéndum confirma el cambio aprobado por el Parlamento, Suiza podría entrar en una nueva etapa de su política energética; si lo rechaza, quedará claro que el veto de 2018 seguía teniendo un respaldo social significativo. En cualquiera de los dos escenarios, el debate deja una lección que también observan los consumidores, las industrias y los gobiernos de Estados Unidos y Colombia: la energía ya no es solo una cuestión técnica, sino una disputa sobre seguridad, costos, clima y soberanía.

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