El petróleo se dispara por la tensión entre EE.UU. e Irán y el riesgo en Ormuz

Imagen: infobae mundo
El crudo repuntó con fuerza tras la escalada militar entre Estados Unidos e Irán y la amenaza de un eventual cierre del estrecho de Ormuz. El Brent ronda los 79 dólares y el WTI supera los 74, en una señal de nerviosismo global por el suministro energético.
Los precios internacionales del petróleo volvieron a dispararse este lunes, con alzas superiores al 4%, después de que se reanudaran los ataques entre Estados Unidos e Irán y de que sobre la mesa reapareciera la posibilidad de un cierre del estrecho de Ormuz, una de las arterias más sensibles del comercio energético mundial. El Brent, referencia para Europa, se mueve en torno a los 79 dólares por barril, mientras que el West Texas Intermediate (WTI), marcador clave para el mercado estadounidense, cotiza por encima de los 74 dólares. El mensaje para los mercados es claro: cuando Medio Oriente se sacude, la energía se encarece casi de inmediato.
La reacción del mercado no sorprende, pero sí confirma la fragilidad del equilibrio actual. Irán tiene capacidad de presión sobre uno de los puntos más estratégicos del planeta: por el estrecho de Ormuz pasa una parte sustancial del petróleo que sale del Golfo Pérsico hacia Asia, Europa y Estados Unidos. Cualquier amenaza de bloqueo, incluso si termina siendo más política que operativa, altera de forma instantánea las expectativas de oferta y empuja a los operadores a cubrirse. En ese clima, las ganancias del crudo reflejan tanto el temor a una interrupción física del suministro como la especulación sobre una escalada más amplia que involucre a otros actores de la región.
Lo que está en juego va mucho más allá de una subida temporal en los gráficos de Wall Street. Si el petróleo se mantiene en estos niveles o sigue escalando, el impacto puede sentirse en toda la cadena económica: desde el costo de llenar el tanque en Estados Unidos hasta el precio del transporte y de alimentos en países importadores como Colombia. En términos macroeconómicos, un barril más caro presiona la inflación, complica a los bancos centrales y encarece la recuperación de economías que aún cargan con fragilidades fiscales y monetarias. Para Washington, además, una crisis prolongada en el Golfo sería una prueba de fuego para su política exterior y para su relación con el mercado energético interno, que hoy sigue siendo sensible a cualquier sobresalto internacional.
La gran incógnita es si este salto responde a un episodio pasajero de tensión o si marca el inicio de una nueva fase de volatilidad prolongada en el mercado petrolero. Por ahora, los inversionistas leen la situación con cautela, sabiendo que en Medio Oriente una amenaza no necesita concretarse para mover miles de millones de dólares. Y en ese terreno, el estrecho de Ormuz sigue siendo mucho más que un mapa: es un termómetro geopolítico que, cuando se calienta, termina afectando el bolsillo de medio mundo.




