De la Espriella pide a las Fuerzas Militares frenar la crisis política en Colombia

Imagen: clarin colombia
Abelardo de la Espriella encendió la tensión política al pedir a las Fuerzas Militares que protejan el orden constitucional y al desconocer la legitimidad del Gobierno entrante. La respuesta del presidente saliente no se hizo esperar: afirmó que “Abelardo no ganó las elecciones” y elevó el choque al terreno institucional.
La confrontación política en Colombia escaló a un nivel delicado luego de que Abelardo de la Espriella llamara a las Fuerzas Militares a resguardar el orden constitucional, en medio de acusaciones contra Gustavo Petro por presuntamente empujar un “golpe de Estado”. El episodio no solo refleja la polarización que atraviesa al país, sino también la fragilidad del debate público cuando las disputas electorales se trasladan al terreno militar e institucional. En un escenario así, cada declaración deja de ser retórica y empieza a pesar sobre la estabilidad democrática.
Según informó Clarín Colombia, De la Espriella hizo un llamado directo a los uniformados para que se mantengan dentro del marco constitucional, en una señal de advertencia frente a lo que considera una deriva peligrosa del Gobierno. La respuesta del presidente saliente fue igualmente dura: rechazó reconocer la legitimidad del Gobierno entrante y aseguró que Abelardo “no ganó las elecciones”, una frase que busca deslegitimar políticamente a su adversario y, al mismo tiempo, blindar su propia interpretación de la sucesión de poder. Este cruce de acusaciones eleva la temperatura de una transición ya marcada por la desconfianza.
El problema de fondo va más allá de un choque personal. Cuando líderes políticos ponen en duda la legitimidad del resultado electoral o apelan a las Fuerzas Militares como árbitro moral del conflicto, abren una puerta peligrosa para Colombia, un país que históricamente ha cargado con tensiones entre poder civil, fuerza pública y gobernabilidad. Por eso importa: porque el mensaje que reciben los ciudadanos no es solo de confrontación, sino de incertidumbre sobre quién manda, bajo qué reglas y hasta dónde puede llegar la disputa por el control del Estado. En tiempos de polarización, la institucionalidad suele ser la primera víctima.
Lo que ocurra en los próximos días será clave para medir si este pulso queda en el terreno de las declaraciones o si termina contaminando decisiones de gobierno, relaciones con la Fuerza Pública y confianza ciudadana. Para la gente de a pie, el costo de este tipo de enfrentamientos rara vez se ve en los titulares, pero sí en algo mucho más concreto: menos certidumbre, más ruido político y un país cada vez más expuesto a que la discusión democrática se convierta en una pelea por la legitimidad misma del poder.



