Corea del Norte desafía a EE.UU., Corea del Sur y Japón y descarta abandonar su arsenal nuclear
Imagen: infobae mundo
Corea del Norte volvió a subir la apuesta y dejó claro que no piensa renunciar a su arsenal nuclear. Pyongyang acusa a Estados Unidos, Corea del Sur y Japón de convertir su cooperación militar en una amenaza directa para la península.
Corea del Norte volvió a endurecer su postura frente a Washington, Seúl y Tokio al descartar cualquier renuncia a su arsenal nuclear y denunciar que la coordinación militar entre esos tres países se ha transformado en un bloque “más ofensivo y agresivo”. El mensaje de Pyongyang no es una simple declaración retórica: llega en un momento en que la península coreana vive una de sus fases más tensas de los últimos años y en el que cada ejercicio militar conjunto alimenta el riesgo de una escalada mayor.
Según informó infobae mundo, el régimen de Kim Jong-un cuestionó de forma frontal las maniobras combinadas que Estados Unidos, Corea del Sur y Japón realizan en aguas cercanas a la península, al considerar que esas operaciones ya no responden a una lógica defensiva sino a una estrategia de presión militar sostenida. La acusación revela la lectura que hace Pyongyang del actual equilibrio regional: en vez de ver alianzas de contención, interpreta un cerco cada vez más estrecho, mientras mantiene intacta su narrativa de disuasión basada en armas nucleares.
Ese diagnóstico no puede separarse del contexto geopolítico más amplio. En Asia oriental, la cooperación entre Washington, Seúl y Tokio ha ganado velocidad en respuesta al programa nuclear y de misiles norcoreano, pero cada paso de coordinación también le sirve al régimen para justificar su propio rearme y reforzar su discurso interno de amenaza externa. El problema, como tantas veces en esta región, es que la disuasión de un lado suele alimentar la paranoia del otro. Para Estados Unidos y sus aliados, el mensaje de Kim Jong-un confirma que la desnuclearización sigue lejos; para Corea del Norte, en cambio, mantener el arsenal es la única garantía de supervivencia del régimen.
Lo que está en juego no es solo un pulso militar entre gobiernos, sino la estabilidad de una de las zonas más delicadas del planeta. Una nueva cadena de ejercicios, pruebas armamentísticas o respuestas verbales puede impactar en la seguridad regional, en los mercados asiáticos y en la agenda diplomática de Washington. En la práctica, la población de Corea del Sur y Japón vive bajo la sombra de una tensión que no baja, mientras Estados Unidos intenta sostener a sus aliados sin abrir la puerta a un conflicto que nadie dice querer, pero que todos parecen estar preparando.


