Falso comunicado del ELN sobre apoyo a Iván Cepeda se viralizó en redes sociales
Imagen: El Tiempo - Política
Un comunicado que circuló en redes y atribuía al ELN un supuesto apoyo a Iván Cepeda resultó ser falso. Tanto la campaña del senador como la delegación de diálogos de paz de esa guerrilla negaron su autenticidad.
La campaña del senador Iván Cepeda y la delegación de diálogos de paz del ELN desmintieron este jueves un comunicado que circuló en redes sociales y en el que se afirmaba, de manera engañosa, que esa guerrilla había anunciado su apoyo a la aspiración presidencial del congresista. El documento, que se expandió con rapidez en plataformas digitales, terminó siendo otro ejemplo del peso que pueden tener las piezas apócrifas en un país donde la conversación electoral suele contaminarse con desinformación, montajes y mensajes diseñados para inflamar la polarización.
La aclaración llegó desde dos frentes: por un lado, desde el equipo político de Cepeda, que rechazó cualquier vínculo de esa naturaleza y advirtió sobre la falsedad del contenido; y por otro, desde la propia delegación del ELN en el proceso de paz, que también negó haber emitido semejante mensaje. Esa doble desautorización es clave porque desmonta la pretensión de legitimidad del comunicado viral y deja en evidencia la facilidad con la que se intenta involucrar a actores armados en la disputa electoral para favorecer narrativas políticas o dañar reputaciones en plena carrera por el poder. En estos casos, el problema no es solo la mentira, sino su capacidad de instalar sospechas donde no existen.
El episodio importa más allá del nombre de Cepeda. En Colombia, cualquier mención a grupos armados en contexto electoral tiene un efecto amplificado: revive temores históricos, activa prejuicios y puede alterar la percepción pública sobre candidaturas, alianzas o intenciones políticas. Por eso, la circulación de un texto falso de este tipo no debe leerse como una anécdota digital, sino como parte de una estrategia más amplia de manipulación informativa que busca capturar emociones rápidas antes de que llegue la verificación. En una coyuntura marcada por la desconfianza institucional, estas piezas se propagan porque conectan con un país acostumbrado a la guerra, a los rumores y a la instrumentalización de la violencia como arma política.
Lo que queda ahora es una advertencia para el ecosistema electoral: la desinformación no solo altera el debate, también obliga a partidos, campañas y medios a reaccionar con mayor velocidad para evitar que un contenido falso se consolide como verdad. En una elección presidencial, ese tipo de engaño puede parecer menor en sus primeras horas, pero sus efectos pueden durar días o incluso semanas si no se desmonta a tiempo. La lección es incómoda, pero necesaria: en la era de la viralidad, la mentira ya no necesita ser creíble por mucho tiempo; le basta con ser vista por suficientes personas.



