Consejo de Seguridad sigue bloqueado en la elección del próximo secretario general de la ONU

Imagen: infobae estados unidos
El Consejo de Seguridad de la ONU volvió a mostrar su bloqueo interno en la sexta votación secreta para elegir secretario general. Rebeca Grynspan quedó apenas un voto arriba de sus rivales, pero los vetos de potencias permanentes dejaron claro que el consenso sigue lejos.
El Consejo de Seguridad de la ONU fracasó otra vez en su intento por destrabar la sucesión en la Secretaría General, en una votación secreta que dejó a Rebeca Grynspan apenas un voto por encima de sus competidores pero sin el apoyo indispensable de las potencias con derecho a veto. El resultado confirma que, más allá de las simpatías individuales, la elección sigue atrapada por la disputa geopolítica entre Estados Unidos y China, que hoy condiciona cualquier definición dentro del organismo.
De acuerdo con la información difundida por infobae estados unidos, Grynspan aventajó por un voto a María Fernanda Rodrigues-Birkett y a Rafael Grossi, aunque los tres aspirantes recibieron dos vetos de miembros permanentes del Consejo. Ese dato es el verdadero mensaje político de la jornada: el orden de preferencias entre los candidatos importa menos que la negativa de los grandes actores a conceder una salida que no responda a sus intereses estratégicos. En otras palabras, la votación volvió a exhibir un sistema diseñado para buscar consenso, pero cada vez más paralizado por el choque entre potencias.
La sexta ronda secreta no solo retrasa la renovación del cargo más importante de Naciones Unidas; también pone en evidencia la fragilidad del multilateralismo en un momento en que el organismo necesita liderazgo para enfrentar guerras, tensiones regionales, crisis humanitarias y el desgaste de su propia autoridad. Si el Consejo no logra construir una mayoría que sobreviva al veto de sus miembros permanentes, la discusión seguirá girando menos sobre méritos diplomáticos y más sobre alineamientos entre bloques, algo que termina debilitando la credibilidad de la ONU ante gobiernos y ciudadanos.
Para la comunidad internacional, el atasco tiene una consecuencia concreta: mientras las potencias negocian su pulso político, la organización queda sin una hoja de ruta clara para renovar su conducción. Y en ese vacío, la percepción de que la ONU responde más a equilibrios de poder que a criterios de representación o eficacia se hace cada vez más difícil de esconder.



