El Reino Unido pierde cada año 120 toneladas de tiburones y rayas protegidos por pesca accidental

Imagen: infobae mundo
Un análisis nacional en el Reino Unido reveló que su flota mata por error unas 120 toneladas de tiburones y rayas protegidos al año. El dato podría ser apenas la punta del iceberg por la escasa vigilancia sobre gran parte de la actividad pesquera.
El Reino Unido está matando por accidente, dentro de sus propias aguas, unas 120 toneladas de tiburones y rayas protegidos cada año, según reveló el primer análisis nacional sobre bycatch difundido por infobae mundo. El hallazgo no solo retrata la presión que la pesca ejerce sobre especies vulnerables, sino que también deja al descubierto un problema mayor: la cifra real podría ser considerablemente más alta porque buena parte de la flota opera con controles insuficientes.
El estudio parte de una conclusión incómoda para las autoridades británicas y para la industria pesquera: el impacto de las capturas no deseadas está subestimado. En la práctica, los tiburones y las rayas quedan atrapados en redes y artes de pesca mientras se buscan otras especies comerciales, y aunque en muchos casos se devuelven al mar, eso no garantiza su supervivencia. La ausencia de monitoreo exhaustivo sobre la mayoría de los barcos dificulta saber con precisión cuántos animales mueren realmente, dónde ocurre con mayor frecuencia y qué técnicas pesqueras concentran el daño. En otras palabras, el país tiene por fin una radiografía nacional del problema, pero todavía no cuenta con una fotografía completa.
La relevancia del hallazgo va más allá de una estadística alarmante. Tiburones y rayas cumplen un papel clave en los ecosistemas marinos: regulan poblaciones, ayudan a mantener el equilibrio de la cadena alimentaria y son indicadores de la salud del océano. Cuando sus números caen, el efecto rebota en todo el sistema, con consecuencias que pueden terminar afectando también a la pesca comercial de la que dependen comunidades costeras. Por eso el debate no es solo ambiental, sino económico y político: cuánto está dispuesto a cambiar el Reino Unido en la gestión de su flota para reducir daños que, hasta ahora, han quedado invisibles en gran medida.
El informe también expone una tensión que atraviesa a buena parte de la pesca mundial: cómo sostener la actividad sin seguir erosionando especies ya presionadas por la sobreexplotación, el cambio climático y la degradación del hábitat. En países con gran tradición pesquera, como el Reino Unido, el problema adquiere una dimensión adicional porque obliga a revisar sistemas de control, transparencia y trazabilidad que durante años han permitido operar con márgenes amplios de incertidumbre. Si el primer diagnóstico nacional ya apunta a 120 toneladas anuales de fauna protegida perdida por accidente, el siguiente paso no debería ser discutir si el problema existe, sino decidir con urgencia cómo reducirlo antes de que el costo ecológico sea irreversible.



