Cuba: hospitales sin tomógrafos y un sistema de salud al límite en La Habana

Imagen: clarin colombia
La red hospitalaria de La Habana atraviesa una crisis crítica: no hay tomógrafos operativos en varios hospitales y los estudios se concentran en un solo equipo. El deterioro ocurre en medio de la pandemia, la escasez de combustible y el endurecimiento de las sanciones de Washington.
La red hospitalaria de La Habana enfrenta una emergencia que ya no puede ocultarse: varios hospitales de la capital cubana están sin servicio de tomografía por fallas técnicas, mientras los estudios se acumulan en un solo instituto que debe atender no solo a pacientes de la ciudad, sino también a enfermos remitidos desde otras provincias. En la práctica, eso significa demoras más largas, diagnósticos postergados y una presión creciente sobre un sistema que lleva años sobreviviendo al desgaste, pero que ahora muestra signos claros de colapso, según informó Clarín Colombia.
La situación no es un problema aislado de mantenimiento. De acuerdo con la información publicada, la crisis sanitaria cubana se ha profundizado por una combinación de factores que se retroalimentan: la pandemia de covid-19, el endurecimiento de las sanciones estadounidenses y la escasez de combustible, agravada desde enero por el bloqueo de Washington. Esa mezcla ha golpeado de lleno la operación cotidiana de los hospitales, desde el traslado de pacientes hasta el funcionamiento básico de los equipos médicos, muchos de ellos obsoletos o fuera de servicio por falta de repuestos y capacidad de reparación.
Lo que ocurre con la tomografía es apenas una radiografía del deterioro estructural del sistema de salud cubano. Durante décadas, el gobierno de La Habana presentó su modelo sanitario como uno de sus principales logros políticos y sociales, pero la realidad actual muestra una infraestructura cada vez más frágil, dependiente de recursos que no llegan y de una logística que se desordena cuando faltan combustible, insumos y mantenimiento. Cuando un único equipo debe absorber la demanda de una capital entera y además responder a pacientes de otras regiones, el acceso a un diagnóstico oportuno deja de ser un asunto técnico y se convierte en una barrera concreta para salvar vidas. Eso impacta sobre todo a quienes tienen menos margen para buscar atención privada o trasladarse al exterior, una opción reservada para muy pocos.
El trasfondo también es político. Cuba suele atribuir buena parte de su crisis a las restricciones impuestas por Estados Unidos, y ese argumento tiene peso en sectores reales de la economía y la salud pública. Pero reducir el problema únicamente al embargo sería incompleto: la falta de inversión, la gestión centralizada y la incapacidad para sostener la infraestructura médica también han contribuido a un deterioro que ya no se puede esconder detrás de los discursos oficiales. Lo que hoy pasa con los tomógrafos en La Habana refleja algo más profundo: un sistema sanitario exhausto, sostenido con parches, que cada vez responde peor a la demanda de una población golpeada por la escasez y por la pérdida de capacidad estatal para garantizar atención básica.




