Política

De la Espriella abre diálogo con Asocaña y fija su apuesta: campo, empleo y seguridad

Hace 7 horas

El nuevo ministro de Agricultura designado, Abelardo De la Espriella, sostuvo su primera reunión de trabajo con Asocaña y los ingenios azucareros para alinear una agenda centrada en producción nacional, empleo y seguridad rural. El encuentro deja ver que el gobierno entrante quiere arrancar con señales de confianza hacia uno de los sectores más sensibles del agro colombiano.

El primer acercamiento formal entre el ministro de Agricultura y Desarrollo Rural designado, Abelardo De la Espriella, y los presidentes de Asocaña y de los ingenios azucareros dejó una señal clara: el nuevo gobierno quiere poner al sector agroindustrial en el centro de su arranque económico. La reunión, según informó El Tiempo - Política, giró alrededor de tres prioridades que hoy pesan tanto en el campo como en la mesa de negociación con el empresariado: defensa de la producción nacional, protección del empleo y seguridad rural. No es un mensaje menor. En un país donde el agro suele quedar atrapado entre promesas, conflictos de tierra y debate político, sentarse con uno de los gremios más influyentes de la agroindustria equivale a marcar territorio desde el primer día.

De acuerdo con la información divulgada, el encuentro fue la primera reunión de trabajo entre el ministro designado y los representantes de Asocaña y los ingenios. La conversación sirvió para trazar una agenda inicial sobre el papel que tendrá el sector azucarero en la política rural del nuevo gobierno. El énfasis en la producción nacional apunta a blindar a los productores frente a presiones externas y a disputas internas sobre el modelo agrícola; el foco en el empleo busca dejar claro que la discusión no será solo de balances empresariales, sino también de estabilidad laboral en regiones que dependen de esta cadena productiva; y la referencia a la seguridad rural introduce el problema más delicado para cualquier política agraria en Colombia: sin control territorial, sin garantías para los trabajadores y sin condiciones mínimas de movilidad y confianza, cualquier apuesta productiva queda debilitada.

Este primer movimiento importa porque el sector azucarero no solo representa una cadena de valor clave para el suroccidente del país; también es un termómetro de la relación entre Estado, industria y territorio. Cuando un gobierno recién posesionado abre su agenda con este tipo de actores, manda una señal a los mercados, a los sindicatos y a las comunidades rurales sobre cuál será su tono: más diálogo con el aparato productivo, pero también presión por resultados concretos en empleo y seguridad. La pregunta ahora es si esa reunión se traducirá en política pública o quedará en una foto de arranque. En un país donde la ruralidad ha sido históricamente la gran deuda del Estado, lo que se acuerde con Asocaña puede terminar diciendo mucho más sobre el rumbo del nuevo Ministerio de Agricultura que cualquier discurso de posesión.

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