Gutiérrez respalda la apelación en el caso Aguas Vivas y endurece presión sobre Quintero
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Federico Gutiérrez respaldó la apelación de la Fiscalía tras la caída de la imputación contra Daniel Quintero por el caso Aguas Vivas y calificó el fallo como una victoria menor. El alcalde de Medellín insiste en que existen miles de pruebas que apuntarían a un presunto desfalco de gran escala.
La caída de la imputación contra Daniel Quintero por el caso Aguas Vivas no cerró el frente judicial en Medellín; por el contrario, abrió una nueva ofensiva política y penal. Federico Gutiérrez, alcalde de la ciudad, salió a respaldar la apelación presentada por la Fiscalía y sostuvo que la decisión judicial no borra el fondo del expediente, que según la administración local estaría sustentado en cerca de 4.000 pruebas. Para Gutiérrez, lo ocurrido es apenas una “victoria pírrica” para quienes han intentado frenar el avance del caso.
El pronunciamiento del mandatario local se conoció después de que se conociera la caída de la imputación contra el exalcalde Quintero en el proceso relacionado con Aguas Vivas, una controversia que ha venido escalando en Medellín por las presuntas irregularidades en la gestión de un predio y por el posible detrimento asociado a decisiones administrativas tomadas durante la pasada alcaldía. Gutiérrez, en línea con la Fiscalía, defendió que el recurso judicial debe seguir su curso y advirtió que el expediente no se sostiene en una sola prueba aislada, sino en un acervo documental amplio que, según dijo, daría cuenta de un presunto desfalco de gran magnitud para el patrimonio público local.
El episodio importa más allá del pulso entre dos figuras políticas enfrentadas. Medellín lleva años atrapada en una disputa de fondo sobre la administración de sus recursos, la transparencia de las decisiones urbanas y el uso del poder público para favorecer intereses particulares. El caso Aguas Vivas se ha convertido en un símbolo de esa pelea y, por tanto, su desenlace podría tener efectos sobre la credibilidad institucional de la ciudad y sobre la lectura nacional de la lucha contra la corrupción. Si la apelación prospera, el proceso volverá a tomar impulso; si no, la defensa de Quintero capitalizará una ventaja procesal que podría reforzar su narrativa de persecución política.
En un país donde los procesos por corrupción suelen moverse al ritmo de los tiempos judiciales y de la presión mediática, Medellín aparece otra vez como escenario de una disputa que mezcla legalidad, poder local y cálculo electoral. Lo que está en juego no es solo el futuro judicial de un exalcalde, sino la capacidad del sistema para demostrar, con pruebas y decisiones firmes, si hubo o no un daño real al erario. Y para una ciudad que ha hecho de la eficiencia y la modernización una bandera, esa respuesta no puede seguir aplazándose.




