Política

Ventana cae en el Congreso y hiere a periodista de El Espectador

Hace 2 horas

Una periodista de El Espectador terminó en urgencias después de que una ventana se desplomara dentro de la oficina de prensa del Congreso, en plena jornada legislativa. El incidente reabrió preguntas sobre el estado de la infraestructura en uno de los edificios más sensibles del país.

La reportera Luna Mejía, de El Espectador, fue trasladada de urgencia luego de que una ventana se desprendiera y le cayera encima dentro de la oficina de prensa del Congreso, en la sala del Senado. El episodio, ocurrido en medio de la actividad parlamentaria, no solo dejó a una periodista lesionada sino que expuso una falla básica de seguridad en un edificio donde confluyen legisladores, funcionarios, asesores y decenas de comunicadores que cubren el día a día político del país.

De acuerdo con lo informado por El Tiempo - Política, la comunicadora recibió atención médica inmediata tras el impacto, en un hecho que pudo terminar mucho peor. Su propia reacción, al señalar que “la sacó muy barata”, deja ver la dimensión del susto y la gravedad potencial del accidente. En un lugar destinado a la información pública y al control democrático, lo ocurrido es más que una anécdota: es una alerta sobre el estado real de las instalaciones en las que opera buena parte de la prensa acreditada ante el Congreso.

El caso importa por varias razones. Primero, porque el Congreso no es cualquier edificio: es uno de los escenarios institucionales más importantes de Colombia y debería cumplir estándares estrictos de mantenimiento y seguridad. Segundo, porque los periodistas que trabajan allí lo hacen en espacios estrechos, de alta circulación y bajo presión, donde una falla estructural puede convertirse en tragedia. Y tercero, porque este tipo de incidentes suele pasar desapercibido hasta que alguien sale herido. En la práctica, la pregunta que queda no es solo cómo ocurrió el desprendimiento, sino cuántos riesgos similares permanecen sin atención en otras zonas del recinto.

Más allá del susto y de la recuperación de la reportera, el episodio obliga a mirar con más seriedad la relación entre infraestructura pública y seguridad ocupacional. En Colombia, donde el deterioro de muchas sedes estatales suele normalizarse hasta que ocurre un accidente, lo sucedido en el Congreso debería abrir una revisión urgente. Si ni siquiera la prensa —que trabaja allí para vigilar el poder— está protegida de un accidente tan elemental, entonces el problema no es menor: es una señal de descuido institucional que afecta a todos los que usan ese espacio y, por extensión, a la propia calidad de la democracia.

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