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Japón protesta por la visita de Putin a las Kuriles y revive una disputa histórica con Rusia

Hace 3 horas

Japón protestó formalmente por la visita de Vladímir Putin a las Islas Kuriles, territorio que Tokio reclama y que Rusia controla desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. La escalada reabre una herida histórica y complica aún más el ya frágil diálogo bilateral.

La visita de Vladímir Putin a las Islas Kuriles encendió una nueva alarma diplomática entre Tokio y Moscú. Japón calificó el gesto como absolutamente inaceptable y presentó una protesta formal, en una señal de que la disputa por este archipiélago sigue siendo uno de los puntos más sensibles de la relación entre ambos países, incluso en medio de la guerra en Ucrania y del endurecimiento general de la política exterior rusa.

Según informó infobae mundo, el mandatario ruso se desplazó a una zona que está bajo control de Moscú pero que Tokio considera territorio japonés ocupado ilegalmente. La reacción del gobierno nipón no fue solo retórica: la queja oficial busca dejar constancia de que Japón no convalida la presencia de Putin en unas islas que, para la narrativa japonesa, siguen siendo parte de su soberanía. En la práctica, este tipo de choques no resuelven el conflicto territorial, pero sí fijan posiciones y elevan el costo político de cualquier acercamiento futuro.

El trasfondo de esta disputa viene de lejos y explica por qué cualquier movimiento en las Kuriles tiene una carga simbólica tan fuerte. Al término de la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética tomó control del archipiélago, y desde entonces Tokio reclama las islas del sur como parte de su territorio histórico. Ese desacuerdo ha impedido que Japón y Rusia firmen un tratado de paz definitivo, un vacío diplomático que sobrevive más de siete décadas después. Hoy, en un escenario internacional más polarizado, la visita de Putin no solo irrita a Japón: también recuerda que las viejas disputas territoriales siguen siendo una herramienta de poder para Moscú y un dolor de cabeza persistente para la diplomacia asiática.

Para Japón, la cuestión va más allá del orgullo nacional. La tensión con Rusia afecta cualquier posibilidad de cooperación económica, de seguridad regional o de manejo de recursos en una zona estratégica del Pacífico norte. Para la gente común, estas fricciones se traducen en menos margen para acuerdos, más incertidumbre en Asia y una señal clara de que, cuando las potencias se enrocan en sus reclamos territoriales, los costos se acumulan durante décadas.

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