Pedraza endurece ofensiva: segunda denuncia contra Juliana y Verónica Guerrero
Imagen: El Tiempo - Política
Jennifer Pedraza amplió su ofensiva judicial con una segunda denuncia contra Juliana y Verónica Guerrero, a quienes vincula con nuevos presuntos delitos en el caso de corrupción que las rodea. La senadora también abrió otro frente político al cuestionar que Gustavo Petro sea reconocido como jefe de la oposición.
La senadora Jennifer Pedraza escaló este jueves el pulso político y judicial alrededor del escándalo que involucra a Juliana y Verónica Guerrero al anunciar que presentó una segunda denuncia en su contra por nuevos presuntos delitos. La movida no solo amplía el expediente que ya venía construyendo, sino que confirma que el caso sigue lejos de cerrarse y que la disputa por sus responsabilidades está entrando en una fase más agresiva, tanto en los tribunales como en el debate público.
En entrevista con EL TIEMPO, Pedraza sostuvo que decidió ampliar la acción penal tras identificar conductas que, a su juicio, no quedaron cubiertas en la primera denuncia. Aunque no detalló públicamente todos los elementos de la nueva radicación, sí dejó claro que su objetivo es que la investigación avance sobre un abanico más amplio de posibles irregularidades. En paralelo, la congresista también marcó distancia frente al escenario político nacional y cuestionó que el presidente Gustavo Petro sea reconocido formalmente como jefe de la oposición, una discusión que toca la arquitectura institucional del Congreso y el equilibrio entre gobierno y fuerzas contrarias.
El caso importa porque refleja dos tensiones que hoy atraviesan la política colombiana: por un lado, la presión creciente para que los escándalos de corrupción no se diluyan en el ruido de la coyuntura; por otro, la pelea por el control simbólico y jurídico de la oposición en medio de un gobierno que ha polarizado el debate público desde el primer día. Cuando una congresista decide mover fichas en ambos tableros al mismo tiempo, está enviando un mensaje doble: que quiere judicializar con más fuerza un episodio que considera grave y que no está dispuesta a concederle al petrismo una legitimidad opositora que, a su juicio, no le corresponde.
Más allá de los nombres propios, lo que está en juego es la credibilidad del sistema político. Si las denuncias prosperan, el caso podría abrir nuevas líneas de investigación y aumentar la presión sobre quienes rodean a las señaladas. Si no avanzan, quedará la impresión de que el país vuelve a ver cómo los escándalos se anuncian con estruendo y se enfrían en los despachos. En cualquiera de los escenarios, el episodio deja una señal incómoda para la ciudadanía: la corrupción sigue siendo una de las principales grietas del poder, y la oposición —fragmentada, disputada y a veces más reactiva que estratégica— sigue buscando cómo capitalizarla sin perder legitimidad en el intento.



