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El IBEX resiste sobre 19.600 puntos pese al golpe del petróleo y la debilidad de Wall Street

Hace 1 hora

El IBEX 35 cerró con un retroceso del 0,51 % y aguantó sobre los 19.600 puntos, presionado por la subida del petróleo y el mal tono de Wall Street. Aun así, el índice español sigue acumulando una ganancia de 13,25 % en el año.

La Bolsa española arrancó la semana con el pie izquierdo: el IBEX 35 cayó un 0,51 % este lunes, pero consiguió sostener el nivel de los 19.600 puntos al cerrar en 19.600,3 enteros. El golpe vino, sobre todo, por el repunte del petróleo, un movimiento que volvió a encender las alarmas sobre la inflación y castigó el ánimo de los inversores en una jornada además marcada por las pérdidas en Wall Street, especialmente en el sector tecnológico.

Según informó EFE, el selectivo cedió 99,8 puntos en una sesión en la que el barril de Brent, referencia en Europa, subió más de un 3 % y superó los 107,6 dólares después de que se enfriaran las expectativas de acuerdo entre Estados Unidos e Irán. Ese encarecimiento del crudo tiene lectura inmediata para los mercados: eleva la presión sobre los precios, complica el margen de los bancos centrales y suele golpear a las economías que todavía lidian con una inflación pegajosa. En ese contexto, el comportamiento de los grandes valores fue desigual. Telefónica bajó un 1,19 % y Banco Santander perdió un 0,56 %, mientras que Iberdrola avanzó un leve 0,05 %, BBVA sumó un 0,12 %, Inditex ganó un 0,15 % y Repsol subió un 1,76 %, beneficiada precisamente por la escalada del crudo.

Más allá del tropiezo de la jornada, el dato de fondo es que el IBEX 35 sigue mostrando fortaleza en el acumulado anual: en lo que va de 2026, el índice se revaloriza un 13,25 %. Eso significa que el mercado español mantiene un balance positivo pese a la volatilidad internacional, aunque también deja claro que su evolución depende de factores externos que no controla: desde la tensión geopolítica en Oriente Medio hasta el comportamiento de las grandes tecnológicas en Estados Unidos. Para el ahorrador medio y para las empresas que dependen del crédito, estos movimientos no son un asunto lejano: un petróleo más caro termina filtrándose en la factura energética, en el transporte y, tarde o temprano, en el bolsillo del consumidor.

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