Depredador sexual condenado huye en San Diego tras burlar su monitor GPS

Imagen: infobae estados unidos
Un delincuente sexual condenado por violación y abuso infantil lleva más de dos días prófugo en San Diego después de manipular su monitor GPS. La fuga encendió las alarmas sobre los vacíos en la supervisión electrónica de agresores de alto riesgo.
La fuga de Merle Wakefield, un hombre de 69 años condenado por violación y abuso infantil, volvió a poner bajo la lupa la fragilidad de los sistemas de supervisión electrónica en California. El dispositivo GPS que debía mantenerlo vigilado dejó de transmitir en la madrugada del viernes, y desde entonces el hombre permanece prófugo en el área de San Diego, un episodio que expone los límites reales del monitoreo cuando un condenado decide burlar el control oficial.
De acuerdo con la información divulgada por infobae estados unidos, Wakefield habría manipulado el brazalete electrónico antes de desaparecer, lo que impidió a las autoridades seguir su ubicación en tiempo real. La alerta se activó cuando el rastreador dejó de funcionar y, a partir de ahí, se desplegó la búsqueda. El caso no solo involucra a un agresor con antecedentes gravísimos, sino también a un sistema que, en teoría, está diseñado para reducir el riesgo de fuga, pero que en la práctica puede fallar si el portador encuentra la forma de neutralizarlo.
Lo preocupante es que este tipo de episodios no son aislados y reavivan una discusión de fondo: hasta qué punto la vigilancia electrónica realmente protege a la comunidad cuando se trata de ofensores sexuales de alto riesgo. En estados como California, los monitores GPS se han convertido en una herramienta común de supervisión judicial y carcelaria, pero su eficacia depende de la rapidez de reacción, de la capacidad de localización y, sobre todo, de que el usuario no pueda desligarse del aparato sin ser detectado de inmediato. Para los residentes de San Diego y para cualquier comunidad que convive con este tipo de medidas, la noticia deja una sensación incómoda: el control existe, pero no garantiza seguridad total.
El caso de Wakefield también plantea una pregunta más amplia sobre las fallas estructurales del sistema penal estadounidense. La tecnología se presenta a menudo como solución frente a delitos graves y reincidencia, pero cuando un condenado logra evadirla, el problema vuelve al punto de partida: vigilancia humana, coordinación policial y capacidad para reaccionar antes de que el fugitivo desaparezca por completo. Mientras las autoridades continúan la búsqueda, el episodio recuerda que el debate sobre libertad condicional, monitoreo electrónico y protección de las víctimas sigue siendo una deuda abierta en Estados Unidos.




