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El Niño amenaza el agua de 700.000 costarricenses con una caída de hasta 45%

Hace 1 hora
El Niño amenaza el agua de 700.000 costarricenses con una caída de hasta 45%

Imagen: infobae

Costa Rica enfrenta un golpe hídrico severo: la producción de agua para hasta 700.000 personas podría reducirse hasta 45% por el impacto de El Niño. Los sistemas de Orosi y Tres Ríos están entre los más vulnerables, con riesgos directos para ríos y acuíferos.

La crisis climática ya no es una advertencia abstracta para Costa Rica: la producción de agua para cerca de 700.000 personas podría caer hasta 45% por los efectos de El Niño, de acuerdo con información divulgada por infobae. El impacto golpearía de lleno a dos sistemas estratégicos de abastecimiento, Orosi y Tres Ríos, que figuran entre los más expuestos a la reducción de caudales en un contexto de presión creciente sobre las fuentes de agua del país.

El problema no se limita a la menor disponibilidad del recurso. Según la información conocida, la disminución de caudales abre la puerta a efectos en cadena que pueden agravar la crisis: abatimiento de acuíferos, intrusión salina en zonas vulnerables y una mayor concentración de contaminantes y metales pesados en los ríos. En otras palabras, no solo habría menos agua, sino agua de peor calidad, un escenario que complica el suministro para hogares, comercios, centros de salud y actividades productivas que dependen de una red estable.

Lo que ocurre en Costa Rica es una señal más de cómo El Niño está alterando el equilibrio hídrico en América Latina, donde los ciclos de sequía ya no se comportan como episodios aislados sino como amenazas cada vez más frecuentes y severas. La situación de Orosi y Tres Ríos importa porque evidencia la fragilidad de los sistemas de abastecimiento frente a fenómenos climáticos extremos y obliga a pensar en medidas urgentes de gestión, ahorro, protección de cuencas y monitoreo de la calidad del agua. Para la población, el riesgo no es solo abrir la llave y encontrar menos agua: también puede significar mayores costos, restricciones y una presión adicional sobre servicios básicos que ya operan al límite.

En el fondo, este caso confirma una tendencia que atraviesa toda la región: la seguridad hídrica se está convirtiendo en un asunto de estabilidad social y económica. Si las autoridades no anticipan escenarios de menor oferta y mayor contaminación, el costo no será únicamente ambiental. Lo pagarán primero los usuarios más vulnerables, luego la economía local y, finalmente, la capacidad del Estado de responder a una crisis que ya empezó a sentirse en los grifos.

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