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Taiwán expulsó con cañones de agua a un pesquero chino cerca de las islas Pratas

Hace 5 horas

La Guardia Costera de Taiwán expulsó a un pesquero chino que operaba sin permiso cerca de las islas Pratas, en una nueva señal de tensión en el mar. El incidente ocurrió tras varios avisos ignorados y terminó con una maniobra de cañones de agua.

Taiwán volvió a mostrar los dientes en uno de los puntos más sensibles de su disputa marítima con China: la Guardia Costera expulsó a un pesquero chino que faenaba sin autorización cerca de las islas Pratas, también conocidas como Dongsha. El patrullero Yunlin detectó al barco Jin Sha a unos 50 kilómetros al este del archipiélago y, después de que la tripulación desatara la tensión al ignorar tres advertencias por megafonía, la operación terminó con el uso de cañones de agua para forzar su retirada.

El episodio, difundido por las autoridades taiwanesas y recogido por infobae mundo, no es un hecho aislado sino parte de una dinámica repetida en aguas reclamadas por ambos lados del estrecho. Para Taipei, la presencia de embarcaciones chinas sin permiso en zonas cercanas a sus islas periféricas no solo representa una infracción pesquera, sino también una forma de presión gradual sobre su control territorial. La respuesta del Yunlin, rápida y visible, buscó dejar claro que la vigilancia sobre Dongsha sigue activa y que la Guardia Costera está dispuesta a escalar sus medidas si los avisos iniciales son desoídos.

El trasfondo es más amplio que un choque entre un patrullero y un pesquero. Las islas Pratas ocupan un lugar estratégico en el tablero del mar de China Meridional, un espacio donde la soberanía, la pesca, la navegación y la competencia geopolítica se entrecruzan de forma permanente. Cada incursión de este tipo alimenta la desconfianza entre Taiwán y China y puede servir de termómetro para medir hasta dónde están dispuestas a empujar sus respectivas posiciones. En la práctica, estos incidentes también golpean a las comunidades pesqueras de la región, que operan bajo una vigilancia cada vez más estricta y en un entorno donde una jornada de trabajo puede terminar en una confrontación marítima.

Lo que ocurrió frente a Dongsha confirma que la fricción en estas aguas sigue lejos de enfriarse. Aunque el enfrentamiento no pasó a mayores, la decisión de usar cañones de agua refleja una política de contención que combina advertencia y disuasión: Taiwán quiere evitar una escalada, pero también dejar claro que no aceptará operaciones chinas en áreas que considera bajo su control. En un contexto regional cada vez más volátil, cada abordaje, cada incursión y cada retirada forzada añade una nueva capa a una disputa que ya no se mide solo en mapas, sino en la capacidad de ambos bandos para imponer presencia sobre el mar.

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