San Francisco pagará 395 millones por abusos sexuales tras 530 denuncias

Imagen: El País
La arquidiócesis de San Francisco aceptó pagar 395 millones de dólares para cerrar 530 reclamaciones por abusos sexuales cometidos por miembros de la Iglesia. El acuerdo llega en un momento en que California ha endurecido el terreno legal para este tipo de demandas y vuelve a golpear la credibilidad de la institución.
La arquidiócesis de San Francisco ha cerrado un acuerdo de 395 millones de dólares para compensar a 530 personas que denunciaron abusos sexuales en el seno de la Iglesia, según informó El País. El pacto representa uno de los capítulos más costosos para la institución católica en la costa oeste y confirma que los casos de pederastia clerical siguen teniendo un enorme peso financiero y moral décadas después de los hechos denunciados.
El arreglo pone cifra a una crisis que la Iglesia ha intentado contener durante años, pero que sigue reapareciendo en los tribunales cuando se amplían las posibilidades legales para reclamar. El País recuerda que este desenlace llega después de un acuerdo similar en Los Ángeles hace dos años, cuando la arquidiócesis aceptó pagar 1.500 millones de dólares a víctimas de abusos. Aquella negociación fue posible porque California amplió el plazo de prescripción para presentar demandas por violencia sexual, una reforma que abrió la puerta a que muchos sobrevivientes acudieran a la justicia cuando antes ya no podían hacerlo.
Más allá del monto, el caso de San Francisco vuelve a mostrar cómo la arquitectura legal puede cambiar el equilibrio entre instituciones poderosas y víctimas que durante años cargaron con el silencio, el miedo y la impunidad. En Estados Unidos, y especialmente en estados como California, la revisión de los plazos de prescripción ha permitido que salgan a la luz expedientes que se creían enterrados. Eso ha obligado a diócesis, órdenes religiosas y otros organismos a enfrentar no solo la reparación económica, sino también el escrutinio público sobre cómo actuaron —o dejaron de actuar— ante denuncias que pudieron evitar nuevos abusos.
Para las víctimas, estos acuerdos suelen llegar tarde, pero también tienen un valor simbólico y práctico: reconocen el daño y ofrecen algún nivel de reparación frente a años de desgaste emocional, legal y económico. Para la Iglesia, en cambio, cada nuevo pacto profundiza una crisis de credibilidad que ya no es solo espiritual, sino también institucional y financiera. Y para California, el mensaje es claro: mientras la ley siga abriendo ventanas para reclamar, el pasado seguirá alcanzando a quienes pensaban que ya habían cerrado sus cuentas con la historia.



