Kiara, la perrita rescatada tras 24 horas atrapada, simboliza el drama animal del terremoto
Imagen: El Tiempo (Colombia)
La imagen de Kiara, una perrita adoptada solo cuatro días antes del terremoto, se convirtió en símbolo de la emergencia mientras equipos de rescate siguen buscando animales atrapados en Pereira y Cali. El caso refleja una crisis silenciosa: mascotas heridas, perdidas y familias que también intentan sobrevivir al desastre.
La historia de Kiara se convirtió en una de las postales más duras y, al mismo tiempo, más poderosas del terremoto que golpeó a Pereira y Cali: una perrita que apenas llevaba cuatro días en su nuevo hogar y terminó atrapada durante 24 horas en un quinto piso. Su rescate no solo conmovió por la fragilidad de la escena, sino porque puso en evidencia un drama que suele quedar en segundo plano después de una tragedia de esta magnitud: el de los animales domésticos que quedan encerrados, heridos o desorientados cuando todo se derrumba.
Según informó El Tiempo (Colombia), autoridades y equipos de atención de emergencias están coordinando esfuerzos para seguir rescatando perros y gatos en ambas ciudades, en medio de una operación que no se limita a remover escombros o revisar estructuras. En el terreno, la prioridad también ha sido ubicar mascotas que siguen atrapadas en apartamentos, viviendas afectadas y zonas de difícil acceso, mientras sus dueños intentan recuperar algo más que objetos materiales. La imagen de Kiara, extraída de un edificio después de un prolongado encierro, resume el tipo de emergencia que enfrentan cientos de familias: el miedo por la vida humana se mezcla con la angustia por los animales que forman parte del hogar.
Este episodio importa porque revela la dimensión completa de una catástrofe urbana. En América Latina, y en particular en Colombia, las respuestas institucionales ante emergencias suelen concentrarse primero en víctimas humanas, lo cual es comprensible; sin embargo, los animales de compañía también quedan expuestos a condiciones extremas que pueden terminar en deshidratación, lesiones, estrés severo o muerte. Además, para muchas familias, un perro o un gato no es un bien accesorio: es un integrante más del núcleo emocional y afectivo. Por eso el rescate de Kiara trasciende la anécdota viral y se convierte en una señal de cómo la gestión de desastres debe incorporar protocolos más amplios para fauna doméstica, desde brigadas especializadas hasta sistemas de alerta y registro de mascotas desaparecidas.
Lo que ocurra en las próximas horas y días será clave para medir la capacidad de respuesta local. Si bien la atención pública suele diluirse rápido después del impacto inicial, casos como el de Kiara dejan una lección incómoda: las emergencias no terminan cuando cesa el temblor, sino cuando cada familia logra reencontrarse con lo que ama y ha perdido. En Pereira y Cali, esa búsqueda incluye vidas humanas, pero también a perros y gatos que esperan, escondidos entre ruinas o detrás de una puerta cerrada, a que alguien llegue por ellos.
