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Lilith Fair: el festival femenino que cambió la música y resurge con Olivia Rodrigo

Hace 2 horas
Lilith Fair: el festival femenino que cambió la música y resurge con Olivia Rodrigo

Imagen: El País

Hace 30 años, Sarah McLachlan desafió a la industria musical con Lilith Fair, el primer gran festival itinerante integrado solo por mujeres. Su legado vuelve a cobrar fuerza ahora que Olivia Rodrigo impulsa un evento que retoma esa misma idea.

Hace tres décadas, cuando la industria musical seguía tratanto a las mujeres como excepción y no como norma, Sarah McLachlan hizo algo más que organizar una gira: lanzó un desafío directo al negocio del entretenimiento. Lilith Fair, el festival itinerante que reunió exclusivamente a artistas femeninas, rompió con la idea de que un cartel encabezado por mujeres era un riesgo comercial y demostró lo contrario con nombres que entonces ya pesaban —como Fiona Apple, Sinéad O’Connor o Suzanne Vega— y con una respuesta del público que obligó a mirar de nuevo el mapa del pop y el rock. Hoy, esa apuesta vuelve a cobrar relevancia porque inspira a una nueva generación de artistas, entre ellas Olivia Rodrigo, que ven en ese precedente una herramienta de visibilidad y también una declaración política.

La propuesta de McLachlan nació en un momento en que la presencia femenina en los escenarios principales era limitada y, con frecuencia, condicionada por estereotipos: se esperaba de ellas una voz, no liderazgo; talento, sí, pero rara vez poder de convocatoria suficiente para sostener un gran festival. Lilith Fair desmontó esa lógica con una gira que no solo reunió artistas, sino que creó un espacio de legitimidad para músicas que, por sí solas o juntas, podían llenar recintos y marcar agenda. El proyecto no fue un gesto simbólico aislado: cambió la conversación sobre programación, representación y rentabilidad, tres palabras que la industria suele usar como filtro para decidir quién merece un escenario y quién no.

Su importancia, vista desde hoy, va más allá de la nostalgia. Lilith Fair abrió una grieta en un sistema que durante años normalizó la subrepresentación femenina y la maquilló con la falsa idea de que “faltaban nombres” o “no había suficiente demanda”. Ese argumento, repetido durante décadas en festivales, radios y sellos discográficos, quedó debilitado cuando una gira creada por una mujer, con mujeres al frente, logró consolidarse como fenómeno cultural. Por eso su legado sigue vivo: no solo como recuerdo de una época, sino como antecedente de las batallas actuales por paridad en la música, por más espacios para artistas mujeres y por una programación que no dependa de cuotas invisibles impuestas por ejecutivos casi siempre hombres.

El regreso de esa idea, ahora impulsado por figuras populares entre audiencias masivas como Olivia Rodrigo, confirma que el debate no está cerrado. La industria musical de 2026 ya no es la misma de los años noventa, pero sigue arrastrando inercias similares: carteles dominados por hombres, desigualdad en los puestos de mayor visibilidad y una brecha persistente entre el discurso de inclusión y la realidad de la programación. En ese escenario, Lilith Fair no solo funciona como un símbolo histórico; sigue siendo una referencia incómoda y necesaria. Recuerda que cuando las mujeres ocupan el centro, el público responde, y que muchas de las supuestas limitaciones del negocio eran, en realidad, decisiones de poder.

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