Firmantes de paz y comunidad Nasa sellan un gesto de reconciliación en Toribío
Imagen: El Tiempo - Política
En Toribío, firmantes del Acuerdo de Paz de 2016 y miembros de la comunidad indígena Nasa se reunieron en un trueque que fue mucho más que una jornada de intercambio de productos: un gesto político y social de reconciliación. La actividad buscó recomponer confianzas en uno de los territorios más golpeados por el conflicto.
En Toribío, Cauca, firmantes del Acuerdo de Paz de 2016 y miembros de la comunidad indígena Nasa protagonizaron una jornada de trueque que, en un país acostumbrado a medir la paz en discursos y estadísticas, recordó que la reconciliación también se construye desde lo cotidiano. El intercambio de productos entre ambas comunidades no fue un acto simbólico menor: en una zona marcada por la guerra, el desplazamiento y la desconfianza, sentarse a intercambiar alimentos, saberes y presencia tiene un peso político real.
La actividad, según informó El Tiempo - Política, reunió a excombatientes que dejaron las armas tras el acuerdo firmado en 2016 y a integrantes del pueblo Nasa, una comunidad que durante décadas ha sostenido una defensa tenaz de su territorio frente a actores armados, economías ilegales y la ausencia histórica del Estado. Más allá del mercado informal que sugiere la palabra trueque, la jornada funcionó como una mesa de encuentro entre dos actores que han vivido el conflicto desde lados distintos, pero que hoy comparten una misma necesidad: encontrar formas concretas de convivencia en territorios donde la paz sigue siendo frágil.
Este tipo de ejercicios importa porque pone en evidencia una realidad que a veces se pierde en la discusión nacional sobre la implementación del acuerdo: la paz no se consolida únicamente con la desmovilización, sino con la capacidad de reintegrar a quienes salieron del conflicto y, al mismo tiempo, reconocer la autoridad, la memoria y las prácticas comunitarias de los pueblos indígenas. En el Cauca, donde persisten disputas armadas y tensiones por el control territorial, un intercambio como este puede parecer pequeño frente a la magnitud del problema. Pero precisamente por eso tiene valor: porque muestra que la convivencia no nace de la imposición, sino de reglas compartidas, confianza y beneficio mutuo.
Toribío ha sido durante años un laboratorio doloroso de la guerra y de las resistencias civiles en Colombia. Allí, la comunidad Nasa ha defendido su autonomía y su derecho a permanecer en el territorio, mientras los firmantes del acuerdo siguen enfrentando las dificultades de la reincorporación, la estigmatización y la falta de oportunidades reales para rehacer sus vidas. Un trueque entre ambos no resuelve los problemas estructurales, pero sí ofrece una imagen poderosa de lo que podría ser la paz en su versión más tangible: una relación entre iguales, basada menos en la retórica y más en la cooperación concreta. En un país donde la violencia suele ocupar el centro de la conversación, estos gestos recuerdan que la paz también se practica.




