Belkis Gil, la médica kogui que quiere volver a la Sierra para cuidar a su pueblo
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Belkis Gil Nuvita, de 25 años, se graduó en Medicina en la Universidad del Magdalena y se convirtió en un símbolo para el pueblo kogui. Su meta ahora es volver a la Sierra Nevada para llevar atención médica donde más falta hace.
A los 25 años, Belkis Gil Nuvita no solo terminó una carrera universitaria: abrió una puerta histórica para su pueblo. La joven kogui recibió su bata blanca como médica en la Universidad del Magdalena y quedó convertida en un referente de lo que significa estudiar, resistir y volver al territorio con un propósito claro: atender a su comunidad en la Sierra Nevada de Santa Marta. Su graduación tiene un valor que va mucho más allá del acto académico; representa una victoria individual y colectiva en una región donde el acceso a salud sigue siendo una deuda profunda con los pueblos indígenas.
La historia de Belkis condensa varios desafíos que suelen quedar fuera del debate público. Para llegar a ese título, tuvo que cruzar distancias geográficas, culturales y sociales que no son menores para una joven indígena que estudia en una universidad pública y se forma en una disciplina altamente exigente. Su caso también deja ver algo importante: cuando una persona del propio territorio se prepara profesionalmente, no solo adquiere herramientas técnicas, sino la capacidad de traducir la medicina a la realidad de su gente, de entender sus códigos, su relación con la naturaleza y sus formas de cuidado. En una región como la Sierra Nevada, donde las comunidades enfrentan barreras de atención, tener una médica kogui no es un símbolo decorativo, sino una necesidad concreta.
La noticia importa porque revela una de las grandes fallas estructurales de Colombia: la distancia entre el sistema de salud y las comunidades indígenas. En zonas apartadas, la falta de infraestructura, transporte, personal médico y continuidad en la atención termina agravando enfermedades prevenibles y complicaciones que podrían tratarse a tiempo. Por eso, el regreso de Belkis a la Sierra no es solo el cumplimiento de una promesa personal; puede convertirse en un puente entre la medicina occidental y las necesidades reales de su pueblo. Su presencia abre la posibilidad de una atención con mayor confianza, sensibilidad cultural y arraigo territorial, algo que no siempre ofrecen los modelos asistenciales diseñados desde las ciudades.
También hay una lectura de futuro. Cada joven indígena que logra graduarse en una profesión de alta demanda rompe un ciclo de exclusión y demuestra que la educación superior puede ser una herramienta de permanencia, no de desarraigo. En el caso de Belkis, la imagen es poderosa: una mujer kogui que se forma, vuelve la mirada a su origen y decide poner su conocimiento al servicio de su comunidad. En un país donde muchas noticias sobre los pueblos originarios están asociadas al abandono o al conflicto, esta historia ofrece otra narrativa: la de una generación que no espera ser salvada desde afuera, sino que se prepara para cuidar desde adentro.



