Estados Unidos

Malvinas se mete en la carrera por la ONU y complica a Grossi

Hace 2 horas

La disputa por Malvinas volvió a cruzarse con la diplomacia global y ahora amenaza la candidatura de Rafael Grossi a la Secretaría General de la ONU. El respaldo argentino coexiste con el poder de veto británico, en un tablero donde Milei endurece el tono frente a Londres.

La pulseada entre Argentina y el Reino Unido por las islas Malvinas ya no se limita al terreno simbólico ni a la retórica diplomática: ahora empieza a salpicar una de las candidaturas más visibles para liderar Naciones Unidas. La postulación de Rafael Grossi, actual jefe del Organismo Internacional de Energía Atómica, quedó expuesta a una ecuación incómoda para Buenos Aires: cuenta con apoyo argentino, pero Londres conserva la capacidad de bloquear su avance en el sistema multilateral. En un momento de máxima sensibilidad política, la disputa por el archipiélago se convierte en un obstáculo que excede la agenda bilateral y proyecta sus efectos sobre la sucesión en la ONU.

Según informó Infobae Estados Unidos, el conflicto se recalentó después de que Javier Milei anunciara la construcción de una base naval y la imposición de sanciones a empresas que operen en las islas, en respuesta a la decisión británica de autorizar exploración petrolera en aguas del archipiélago. Para la Casa Rosada, se trata de una nueva señal de firmeza sobre una causa histórica; para Londres, de una provocación que mantiene viva una controversia de soberanía que el Reino Unido sigue administrando de facto desde 1833. En ese contexto, Grossi aparece como una figura de consenso técnico y prestigio internacional, pero también como un candidato atrapado entre dos capitales que hoy leen el conflicto con lógica de presión y reciprocidad.

El problema para Argentina es evidente: promover a Grossi como secretario general implica moverse en un sistema donde los equilibrios de poder pesan tanto como los méritos profesionales. El Reino Unido, miembro permanente del Consejo de Seguridad, tiene poder de veto y podría usarlo si considera que la candidatura choca con sus intereses estratégicos o con la escalada reciente por Malvinas. Ese dato vuelve más delicada la estrategia diplomática de Buenos Aires, que apuesta a capitalizar el perfil internacional de Grossi mientras endurece el discurso sobre soberanía. La paradoja es fuerte: cuanto más insiste el Gobierno en marcar distancia con Londres, más difícil puede volverse construir los apoyos necesarios para un cargo que exige consenso global.

La pelea por Malvinas, en suma, demuestra que las disputas territoriales nunca quedan confinadas al mapa. Tienen costo político, condicionan alianzas y pueden alterar negociaciones en foros donde, en teoría, se discuten principios universales. Para Argentina, el desafío será sostener su reclamo sin aislar a su candidato. Para Grossi, el reto es todavía mayor: convertir su trayectoria multilateral en una fortaleza suficiente como para sobrevivir a una de las viejas tensiones geopolíticas que siguen activas en el Atlántico Sur.

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