Congreso crea comisión para ordenar la agenda digital y tecnológica del país
Imagen: El Tiempo - Política
El Congreso colombiano puso en marcha una comisión accidental para ordenar la discusión sobre conectividad, internet, ciberseguridad e inteligencia artificial. La iniciativa será liderada por María Lucía Villalba en el Senado y Daniel Briceño en la Cámara.
El Congreso de Colombia abrió un nuevo frente de trabajo para intentar ponerle orden a una agenda tecnológica que ya no es marginal, sino central para la vida cotidiana y para la competitividad del país. Con la creación de una comisión accidental para la agenda TIC, el Senado y la Cámara buscan unificar discusiones sobre conectividad, acceso a internet, ciberseguridad, inteligencia artificial y otros asuntos que hoy atraviesan tanto la política pública como la relación de los ciudadanos con el Estado y con el mercado digital.
La coordinación quedó en manos de María Lucía Villalba en el Senado y de Daniel Briceño en la Cámara de Representantes, dos congresistas que asumirán la tarea de articular debates que hasta ahora han avanzado de forma dispersa entre comisiones, proyectos de ley y anuncios de Gobierno. Según informó El Tiempo - Política, la comisión se encargará precisamente de concentrar las conversaciones legislativas y de política pública alrededor de un sector que, por su alcance, ya impacta desde la educación y el trabajo remoto hasta la seguridad de datos personales y la adopción de nuevas tecnologías.
La decisión llega en un momento en el que Colombia sigue arrastrando brechas profundas de conectividad entre zonas urbanas y rurales, mientras el debate global sobre inteligencia artificial obliga a los Estados a definir reglas antes de que la tecnología avance más rápido que la regulación. En la práctica, esta comisión puede convertirse en un espacio para destrabar iniciativas, evitar duplicidades y darle una ruta más clara al Congreso frente a un tema que suele fragmentarse por intereses políticos y por la velocidad con que cambian las herramientas digitales. Para la ciudadanía, esto importa porque de esas discusiones dependen asuntos tan concretos como la calidad del internet en escuelas y hospitales, la protección frente a fraudes digitales y la manera en que el país se prepara para incorporar la IA sin ampliar desigualdades.
El reto, sin embargo, no será solo reunir buenas intenciones. Lo que está en juego es si el Legislativo logra pasar de los discursos sobre modernización a decisiones con impacto real en infraestructura, regulación y acceso. Si la comisión funciona, podría convertirse en una plataforma útil para alinear al Congreso con una agenda tecnológica que ya no admite más retrasos; si falla, quedará como otro intento institucional de seguirle el paso a un país digital que avanza más rápido que sus propias reglas.




