FAPE y APM respaldan a periodista de EL PAÍS tras amenazas por accidente de Urda

Imagen: El País
La FAPE y la Asociación de la Prensa de Madrid salieron en defensa de un periodista de EL PAÍS amenazado tras publicar información sobre el accidente de Urda. Las entidades calificaron de inaceptables los señalamientos promovidos por el agitador ultra Bertrand Ndongo.
Las principales asociaciones periodísticas españolas han cerrado filas en defensa de un redactor de EL PAÍS que ha recibido amenazas después de publicar una información sobre el accidente de Urda. La Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) y la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) denunciaron los ataques y calificaron de inaceptable la campaña de señalamiento impulsada por el agitador ultra Bertrand Ndongo, a quien atribuyen haber alimentado la hostilidad contra el informador.
Según informó EL PAÍS, ambas organizaciones advirtieron de que este tipo de presiones no solo afectan a un profesional concreto, sino que buscan intimidar a todo el oficio. En su respuesta, subrayaron que la labor periodística consiste precisamente en informar sobre hechos de interés público y que responder a una noticia con amenazas o acoso supone una agresión directa a la libertad de prensa. El episodio se suma a una tendencia preocupante: la sustitución del debate sobre los contenidos por la descalificación personal del periodista que los firma.
El caso importa porque desnuda un problema cada vez más visible en España y en otras democracias europeas: la normalización del hostigamiento digital contra periodistas cuando una información incomoda a determinados sectores. En contextos de alta polarización, la discusión sobre el contenido de una noticia se desplaza hacia la intimidación, una dinámica que deteriora el derecho de la ciudadanía a estar informada y empuja a redacciones y reporteros a trabajar bajo mayor presión. En la práctica, el mensaje que reciben muchos profesionales es claro: contar lo que pasa puede tener coste personal.
La reacción de la FAPE y la APM intenta marcar un límite y recordar que la crítica a una información es legítima, pero las amenazas no lo son. Más allá de este caso concreto, lo que está en juego es la capacidad de los medios para investigar, contrastar y publicar sin que el miedo se convierta en un factor editor. Si la intimidación gana terreno, pierde el periodismo; y cuando pierde el periodismo, pierde también el público que depende de él para entender lo que ocurre.




