Colombia

Gobernadora del Tolima denuncia amenazas de disidencias por su estrategia de seguridad

Hace 51 minutos

La gobernadora del Tolima, Adriana Matiz, denunció amenazas de muerte atribuidas a disidencias de las Farc y otros grupos armados. La intimidación llega en medio de su estrategia de seguridad, un frente que vuelve a mostrar el costo político de enfrentar el control territorial ilegal.

La gobernadora del Tolima, Adriana Matiz, denunció que recibió amenazas de muerte atribuidas a disidencias de las Farc y a otros grupos delincuenciales, en un episodio que eleva la tensión sobre la seguridad en el departamento y pone en evidencia el precio que siguen pagando los mandatarios regionales cuando deciden confrontar a las estructuras armadas ilegales. La funcionaria hizo pública la situación a través de un comunicado oficial, en el que dejó claro que las intimidaciones estarían relacionadas con las decisiones que ha tomado en materia de seguridad territorial.

Según informó infobae colombia, Matiz señaló que los señalamientos en su contra provienen de organizaciones criminales afectadas por su estrategia de control y presencia institucional en zonas donde persiste la disputa armada. El mensaje de la mandataria no solo busca dejar constancia de la amenaza, sino también advertir que la presión de estos grupos no es abstracta: se trata de una respuesta directa frente a medidas que, en teoría, deberían fortalecer la autoridad civil en áreas donde el Estado todavía compite con economías ilegales, rutas del narcotráfico y redes de extorsión.

El caso importa más allá del Tolima porque revela una constante en Colombia: cada vez que una administración regional intenta intervenir sobre los focos de violencia, aparecen las retaliaciones. Y eso termina afectando no solo a los funcionarios, sino también a la población que depende de decisiones concretas sobre movilidad, protección rural, presencia policial y capacidad de respuesta institucional. En ese escenario, las amenazas contra Matiz no se pueden leer como un hecho aislado, sino como una señal de que las disidencias y otros grupos armados siguen teniendo poder para intentar condicionar la agenda pública desde la intimidación. La pregunta de fondo es si las autoridades nacionales acompañarán con hechos a los gobiernos departamentales o si estos seguirán enfrentando solos el costo de gobernar en territorios marcados por la violencia.

Este tipo de episodios también obliga a revisar la fragilidad de la seguridad de los mandatarios locales en Colombia. Cuando una gobernadora recibe amenazas por decisiones administrativas vinculadas al orden público, el mensaje que se envía a otras autoridades es preocupante: ejercer la autoridad puede convertirse en un riesgo personal. Y en un país donde la institucionalidad todavía pelea por imponerse en muchas regiones, cada amenaza contra un gobernante termina siendo, en el fondo, una advertencia contra el Estado mismo.

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