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La ONU cambia el mapa, pero la Tierra sigue sin caber en una sola proyección

Hace 1 hora
La ONU cambia el mapa, pero la Tierra sigue sin caber en una sola proyección

Imagen: BBC Mundo

La ONU aprobó un nuevo mapa del mundo, pero la discusión de fondo sigue abierta: ninguna proyección representa la Tierra con total fidelidad. La historia de los mapas es también la historia de poder, sesgos y decisiones políticas sobre cómo vemos el planeta.

La aprobación de un nuevo mapa por parte de la ONU vuelve a poner sobre la mesa una verdad incómoda: no existe una forma totalmente correcta de representar la Tierra en una superficie plana. Cada mapa que usamos, desde los más escolares hasta los más sofisticados, sacrifica algo distinto, distorsiona proporciones o privilegia ciertas regiones, y por eso el debate no es solo cartográfico sino también político y cultural.

De acuerdo con el repaso de BBC Mundo, a lo largo de la historia han circulado varias proyecciones que marcaron nuestra manera de imaginar el planeta. Algunas se hicieron famosas por su utilidad práctica para la navegación o la enseñanza; otras, por la crítica que despertaron cuando se evidenció que agrandaban unas zonas y empequeñecían otras. El problema es estructural: la Tierra es esférica y cualquier intento de “aplanarla” obliga a elegir qué se conserva y qué se deforma. En esa decisión aparecen los aciertos, pero también los errores que han acompañado durante siglos a la cartografía.

Lo relevante de esta discusión es que los mapas no solo muestran el mundo: lo ordenan. Durante mucho tiempo, la proyección de Mercator dominó aulas, atlas y oficinas porque era útil para trazar rutas, pero terminó instalando una percepción engañosa sobre el tamaño relativo de los continentes, especialmente en el norte global. Luego vinieron otras propuestas que intentaron corregir esas distorsiones, aunque sin eliminar por completo el problema. El nuevo mapa avalado por la ONU se presenta como un avance en precisión visual y en justicia geográfica, pero tampoco resuelve el dilema central: cualquier representación plana seguirá siendo una traducción incompleta del planeta. Y eso importa porque la forma en que vemos el mundo también influye en cómo lo pensamos, lo enseñamos y lo discutimos en la política internacional.

Para América Latina, este asunto no es menor. La cartografía ha sido históricamente una herramienta de poder: define fronteras, ubica recursos, ordena prioridades y hasta ayuda a construir jerarquías simbólicas entre regiones. Por eso, revisar los mapas que usamos hoy no es un ejercicio académico aislado, sino una forma de cuestionar qué imagen del mundo hemos heredado y quién ha decidido esa imagen. La gran lección es simple, pero incómoda: ningún mapa es neutral, y entender sus límites es también entender mejor las disputas del presente.

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